Guardian Glass, Glavista, Maderas de Llodio y Tubos Reunidos, cuatro históricas de la Comarca de Ayala
El declive del Valle de Ayala: "Los restaurantes que daban 150 comidas al día ahora no llegan a 30"
La entrada de Tubos Reunidos en concurso de acreedores refuerza el declive de una comarca que ha experimentado en los últimos años numerosos cierres
La crisis del Valle de Ayala deja a otros 900 trabajadores en máxima incertidumbre
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Hasta 46 millones se han movilizado ya destinados a impulsar nuevas oportunidades industriales y económicas en el Valle de Ayala. Enmarcados dentro del Plan de Revitalización de la comarca, este impulso económico —fruto de la colaboración entre Gobierno vasco y Diputación Foral de Álava— ha cogido recientemente un peso especial dada la profunda crisis que atraviesa el enclave, agudizada estos últimos meses por la 'caída' de la histórica Tubos Reunidos.
Con en torno a 1.300 trabajadores, 900 de ellos trabajando en la planta de Amurrio, la declaración de la firma alavesa en concurso de acreedores, al no poder hacer frente a la deuda de más de 260 millones que arrastra, ha supuesto un nuevo 'mazazo' para el valle, que ha experimentado en los últimos años el cierre de otras firmas como Guardian, Glasvista o conflictos abiertos como en Maderas de Llodio.
Sede de Guardian Glass, en Llodio, a 14 de mayo de 2026
"El ambiente en el pueblo es desolador, tanto en Llodio como en Amurrio. Se nota en las farmacias, en las pescaderías y en las calles: no se habla de otra cosa en toda la comarca que de la situación actual", explican a este diario trabajadores de Tubos Ruenidos a la entrada de la planta de Amurrio.
Situación agravada
Ante este contexto, la visión de los vecinos del pueblo es pesimista. Señalan que el recientemente abierto conflicto en Tubos Reunidos ha "hundido" a una comarca ya tocada, que ve cómo este ha afectado a todas las ramificaciones que la planta de Amurrio implica.
"Desde proveedores, pequeñas empresas de Amurrio o Llodio que suministran material a la planta, hasta los propios restaurantes a los que antes acudíamos a comer, que daban hasta 150 comidas al día y ahora no llegan a 30", explican vecinos de estos municipios y trabajadores de la planta alavesa del fabricante de tubos.
A esperas de que el administrador concursal decida el devenir de la compañía, los trabajadores ponen ahora el foco en su vuelta al trabajo, que tendrá lugar este lunes, y que permite que esta planta recupere parte de su atractivo de cara a posibles ofertantes, algo que, según la dirección, se habría perdido tras la convocatoria de huelga indefinida —suspendida este jueves—.
Un trabajador opera en Tubos Reunidos en una imagen de archivo
"Llevo trabajando aquí desde 1999. Empecé en la acería y ahora pretenden cerrar la empresa. Me niego a aceptarlo", lamentaba este jueves a las puertas de la planta de Amurrio uno de los trabajadores.
Guardian y Glavista
La situación en Tubos Reunidos recuerda, aunque en mayor escala, a lo ya vivido con otras firmas que conformaban el ecosistema industrial del valle y que, poco a poco, han ido bajando la persiana.
La sede de Glavista, en Llodio
La desindustrialización del enclave comenzó con Glavista —especializada en lunas y techos solares para automóviles—, cuya dirección anunciaba en septiembre de 2023 un Expediente de Regulación de Empleo para su planta en Llodio, que afectó a 244 empleados.
Tras numerosas huelgas, encierro de algunos trabajadores incluido, y la judicialización de esta medida por parte de ELA, el cierre de la planta llegaba unos meses después, ya en 2024, y ponía fin a los 90 años de trayectoria de una mítica fábrica en la elaboración de vidrio para automóviles.
Uno año después, ya en 2025, le tocaba el turno a Guardian —propietaria en su día de la división automotriz que pasó a llamarse Glavista una vez vendida—.
El inesperado apagado de un horno, llevado a cabo a finales de enero y motivado, según la dirección, por una avería irreparable en el horno, "que dificultaba su actividad", algo que desde los sindicatos rechazaron contundentemente, supuso la activación de un ERE, que tuvo como resultado la salida de 171 trabajadores.
Sede de Guardian Glass en Llodio
Actualmente, media decena de empleados continúan en las instalaciones, según ha podido saber Crónica Vasca, realizando labores de desmontaje. Mientras, el Gobierno vasco continúa negociando la entrada de nuevos inversores en ambas plantas.
El proyecto, cuyo cierre se espera de manera inminente, supondría una inversión de 85 millones de euros y la creación de 400 puestos de trabajo, aproximadamente los que se perdieron cuando ambas firmas bajaron la persiana.