Carlos López, enólogo y director de Artadi. Cedida por Carlos
Carlos López, director de Artadi: "El cultivo intensivo se vende a 1 euro, pero la viticultura sostenible valora al pequeño agricultor"
López pone en valor la agricultura regenerativa, un modelo que busca el fomento de una viticultura respetuosa con el entorno.
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Su amor por el vino y por el mundo que lo rodea va más allá de las uvas, motivo por el que el enólogo Carlos López de Lacalle decidió continuar con una tradición que inició su padre: Artadi. Bodegas nacidas en el corazón de la Rioja Alavesa, en Laguardia, en el año 1985 y que guardan una extensión de 56 hectáreas de viñedos.
Hoy, López de Lacalle, quinta generación de la familia vitivinícola y director de Artadi, se dedica a poner en valor algo que muchos aún no practican en sus bodegas, en la elaboración de sus vinos: la agricultura regenerativa, un modelo que busca la restauración de la salud del suelo, así como el fomento de la sostenibilidad y de una viticultura más respetuosa con el entorno.
En este sentido, el enólogo decidió acudir a la primera jornada de Wine Shapers el pasado jueves para compartir en un debate, con otros profesionales del sector, sus conocimientos y experiencias trabajando entre viñedos. Una cita inédita desarrollada por EDA Drinks & Wine Campus que reunió a más de 200 profesionales internacionales del sector vitivinícola en Vitoria-Gasteiz con el objetivo de visibilizar, impulsar y conectar a la nueva generación de profesionales en este ámbito.
Entorno amable, Tierra alegre
La jornada inaugural estuvo centrada en la formación y el debate, con mesas redondas en las que se abordaron algunos grandes retos del sector, como la viticultura regenerativa, el cambio de paradigma impulsado por la nueva generación de elaboradores y la evolución del enoturismo como herramienta estratégica de desarrollo.
Bajo el enfoque de 'viticultura regenerativa: más allá de la sostenibilidad', los participantes reflexionaron sobre la transición desde modelos sostenibles hacia enfoques regenerativos, capaces de generar impacto en el viñedo, paisaje y comunidad. En este sentido, Carlos López de Lacalle, junto con Roc Gramona, Paul Chevreux, Ana Laura Rodríguez y Santiago del Pópolo, expresaron que parte del trabajo del viticultor se basa en la observación de la viña y en la humildad a la hora de interpretarla.
"En los últimos 60,70 u 80 años, el suelo, por las industrias químicas, ha estado muy manipulado y deteriorado, entonces creo que toda agricultura sostenible ha tenido que ser regenerada", comenta Carlos para CRÓNICA VASCA.
"Hay que mejorar la materia orgánica del suelo o la porosidad, pero llega un momento en el que ya la has mejorado y tienes que sostenerla, y se llama regenerativa porque si un viñedo que ha estado maltratado tiene 0,5 de materia orgánica en el suelo, tú la tienes que ir regenerando hasta conseguir unos niveles idóneos para la elaboración (1 y medio o 2 y medio en nuestro caso)", añade al mismo tiempo que sostiene que la viticultura respetuosa y de calidad debe ser "regenerativa en un inicio si deriva de un viñedo deteriorado o de un suelo poco fértil o con muchos tratamientos pesticidas".
El fin, apunta, es que sea sostenible. Así, los cambios que aplica López de Lacalle a los viñedos en Artadi son claros: el enólogo asegura que lo que ha heredado de sus padres es la ausencia de pesticidas, por lo que llevan años apostando por una agricultura ecológica.
"Me gusta hablar de la agricultura tradicional e histórica porque nuestros antepasados tenían autocrítica o se preguntaban muchas cosas...Por eso, consideramos manejar cubiertas vegetales, micorrizas o favorecer el aspecto vivo del suelo", subraya.
Un modelo que también es clave no solo para obtener vino de calidad, sino para proteger el viñedo y el paisaje en un contexto en el que el cambio climático amenaza la naturaleza.
"La viticultura regenerativa, de respeto e histórica aumenta la microbiología del suelo, así como el bienestar de las plantas, y se adapta al cambio climático", asevera López de Lacalle. "No nos tenemos que olvidar de que hay variedades que llevan más de 1.000 años con nosotros cuando en la historia ha habido picos de calor y frío".
"Las variedades son capaces de adaptarse, en Laguardia se produce vino en Alicante, en Jerez y en Montilla y en Sicilia, climatología mucho más agreste. El ser humano debe adaptarse, crear una viticultura propicia para que el viñedo se puede adaptar y adaptar el viñedo a esa climatología también", apunta.
Hoy son "demasiadas pocas bodegas" las que trabajan con este modelo en España. La viticultura regenerativa, para Carlos, es viable para las pequeñas bodegas al contrario de lo que se suele creer. "Es la única forma de que una bodega sea viable cuando se producen volúmenes pequeños", subraya.
"Odio la agricultura de hoy día porque se concibe como intensiva o muy intensiva y es el gran error en el que caen los políticos y el mundo entero, porque favorecen las grandes producciones, a las grandes empresas...Y hace que todo se venda a cero coma, cualquier producto agrónomo por el cultivo intensivo y superintensivo se comercializa a menos de 1 euro el litro".
Por este motivo, hacer una viticultura sostenible, regenerativa y de calidad es "la única vía para darle valor al pequeño agricultor". Eso sí, ese agricultor "quizá tenga que dejar de ser solo agricultor y tenga que ser agricultor transformador (transformar un producto agrónomo en vino)".
Sabores que trasladan
Santigo del Pópolo es viticultor y lleva PerSe en Argentina, una bodega enfocada en la producción de vinos de alta gama en Gualtallary (Mendoza) y centrada en el terroir (combinación de cuatro factores clave para elaborar el vino de calidad: el suelo, clima, variedad de uva y hombre).
Actualmente tienen plantadas dentro de un monasterio en la zona de montaña tres variedades: Malbec (es un 80% de la uva que producen), Cabernet franc y Chardonnay.
Santiago del Pópolo. Cedida por Santiago.
Para llevar a cabo una viticultura de precisión hacen uso de microparcelas específicas cerca de la cordillera de los Andes, en suelo de montaña y con "mucho carbonato de calcio", explica a CRÓNICA VASCA. En este lugar es donde realizan una viticultura regenerativa que ayuda a que se "note el lugar de donde procede el vino cuando uno lo prueba".
"El trabajo orgánico y regenerativo ayuda a que hoy se puedan dar a conocer lugares que antes no estaban en el mapa y que uno pueda adaptar la planta a ciertos lugares y que, quienes toman vino, se pueda trasladar a un lugar que antes no conocían. Solo es posible teniendo en cuenta estas prácticas que hacen que el desarrollo sea sostenible y adaptándose a una condición difícil".
Viticultores. Cedida por Santiago del Pópolo.
"El cambio de mentalidad lo tuvimos que hacer hace 15 años para hablar de lugares más especiales y de una viticultura de vinos de montaña, la selección de lugares de suelos difíciles y plantaciones en laderas o en colinas y demás hizo que pensaramos en trabajar el lugar y la tierra de otra manera", subraya.
"Yo siempre digo que en Mendoza más que regenerativo fue generativo", ríe. "Al ser suelos tan complejos para trabajar, lo que hicimos fue empezar a formar el suelo y a generarlo para crear un ambiente para que la planta se adapte al lugar, así que desde que plantamos el viñedo familiar en el año 2013 hicimos una generación de suelo a través de mucho compost de materia orgánica, de cubiertas vegetales o de hongos y bacterias para crear en ese suelo tan difícil una microbiología con mucha vida que ayude a la planta a que se desarrolle de la mejor manera".
Lo ideal, añade, es que año tras año se consiga que la planta se adapte al entorno "necesitando menos", lo que es un buen indicador para saber que uno está trabajando bien el suelo. "Si todos los años tienes que trabajar más el suelo y agregar más, es que la planta no está respodiendo a esa sostenibilidad".
"Lo que nosotros hacemos es ir viendo el desarrollo de la planta y en base a eso vemos si el trabajo que estamos haciendo está bien o no, si la planta cada vez tiene que ir pidiendo menos al lugar, si esta más nutrida y los suelos son más ricos o cada vez tiene que exigir menos. En nuestro caso puede exigir menos agua o menos materia orgánica". Su misión, comenta del Pópolo, es transmitir este cambio que comenzaron sus padres "a todo el mundo".