Una especialista muestra un modelo anatómico de la pelvis humana
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Cuando el suelo pélvico da problemas: de las pérdidas de orina al dolor y las molestias vulvovaginales
Estos síntomas pueden afectar a la calidad de vida y no deben normalizarse. Su abordaje puede incluir diferentes técnicas de fisioterapia, entre ellas las ondas de choque focales extracorpóreas
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Las pérdidas de orina, el dolor en las relaciones sexuales o la sequedad y las molestias vulvovaginales son problemas frecuentes que pueden afectar de forma importante a la calidad de vida. Para abordarlos, la fisioterapia del suelo pélvico cuenta con nuevas herramientas, entre ellas las ondas de choque focales extracorpóreas, una técnica no invasiva que permite actuar sobre los tejidos desde el exterior
El suelo pélvico puede dar problemas muy diferentes y no todos se manifiestan de la misma manera. Algunas mujeres consultan por pérdidas de orina al correr, toser o hacer un esfuerzo. Otras lo hacen por dolor durante las relaciones sexuales, dificultad para controlar gases o heces, o por síntomas como sequedad, picor o ardor en la zona vulvovaginal.
“Estos síntomas no deben normalizarse. Las pérdidas de orina, la dificultad para retener gases o heces o el dolor en las relaciones sexuales deben ser valorados por un profesional”, explica Sara Esparza, fisioterapeuta especializada en suelo pélvico de Policlínica Gipuzkoa, perteneciente al Grupo Quirónsalud.
Sara Esparza, fisioterapeuta especializada en suelo pélvico de Policlínica Gipuzkoa
Una técnica que permite llegar más profundo
Hasta ahora, el abordaje del suelo pélvico se ha apoyado en técnicas como los ejercicios de fortalecimiento, el biofeedback, la electroestimulación, la radiofrecuencia o la neuromodulación. En los últimos años se han incorporado también las ondas de choque focales extracorpóreas, que abren una nueva vía para trabajar directamente sobre los tejidos.
“Con las ondas de choque podemos trabajar a distintas profundidades, hasta alcanzar unos 11 centímetros a través de la piel, de fuera hacia dentro. Esto antes no era posible”, señala la especialista. La técnica permite actuar sobre diferentes estructuras sin necesidad de introducir ningún dispositivo.
El objetivo es favorecer la calidad de los tejidos, estimulando aspectos como el colágeno y la elastina y mejorando la circulación de la zona. También permite trabajar sobre el tono del periné y de la musculatura abdominal.
Del dolor a la sequedad
Una de las aplicaciones de esta técnica está relacionada con las alteraciones que afectan a los tejidos y que pueden estar detrás de algunas molestias sexuales o vulvovaginales. El dolor durante las relaciones, la sensación de tirantez o la sequedad pueden aparecer, entre otras causas, en momentos de cambios hormonales.
“No solo trabajamos la musculatura. También buscamos mejorar el trofismo de la zona genital, es decir, su lubricación, elasticidad y el estado de las mucosas”, explica la fisioterapeuta de Policlínica Gipuzkoa.
La menopausia es uno de los momentos en los que estas alteraciones pueden hacerse más evidentes. También requieren especial atención las mujeres que han superado un cáncer de mama y siguen tratamientos antihormonales, ya que pueden experimentar una menopausia precoz o una intensificación de sus síntomas.
En estos casos pueden aparecer molestias urinarias y vulvovaginales que forman parte del denominado síndrome genitourinario de la menopausia. El tratamiento fisioterapéutico busca mantener la función de la musculatura perineal y mejorar, cuando está indicado, el estado de los tejidos.
También frente a la incontinencia
Las ondas de choque se incorporan así a un tratamiento que debe ser siempre individualizado. En el caso de la incontinencia urinaria, por ejemplo, el trabajo de la musculatura continúa teniendo un papel fundamental.
“Los ejercicios de contracción del suelo pélvico han demostrado ser eficaces tanto en la prevención como en el tratamiento de la incontinencia urinaria”, recuerda la doctora Sara Esparza. La valoración permite determinar qué está ocurriendo y qué combinación de técnicas puede resultar más adecuada en cada caso.
El embarazo, el parto, el estreñimiento crónico, los deportes de impacto o los trabajos que implican levantar cargas pueden someter al suelo pélvico a una presión considerable. Por eso, el tratamiento no debería limitarse a actuar cuando aparecen las pérdidas o el dolor, sino que también debe contemplar la prevención y la recuperación.
Trabajar desde fuera
Una de las principales características de las ondas de choque es precisamente su carácter no invasivo. La energía se aplica desde el exterior y permite alcanzar estructuras profundas sin necesidad de introducir dispositivos.
“Es una forma de trabajar los tejidos de fuera hacia dentro”, explica la especialista. La aplicación se realiza sobre la zona a tratar y, según la especialista, de forma indolora. Esto permite incorporar la técnica al abordaje fisioterapéutico sin recurrir a procedimientos invasivos.
La elección del tratamiento, eso sí, depende siempre del problema que presente cada paciente. Las ondas de choque no sustituyen al resto de herramientas de la fisioterapia del suelo pélvico, sino que amplían las posibilidades terapéuticas disponibles.
El mensaje de fondo es sencillo: las pérdidas de orina, el dolor o las molestias genitales no tienen por qué asumirse como algo inevitable. El diagnóstico adecuado permite conocer qué está ocurriendo y decidir cómo abordarlo.