Soldados del ejército ecuatoriano vigilan las calles de Guayaquil / CARLOS DURÁN ARAÚJO - EFE

Soldados del ejército ecuatoriano vigilan las calles de Guayaquil / CARLOS DURÁN ARAÚJO - EFE

Opinión

Reconstruir la confianza

18 enero, 2024 05:00

Las imágenes de trece hombres armados irrumpiendo en el plató de TC Televisión, en Guayaquil, la mayor ciudad de Ecuador, y la toma como rehenes de periodistas y operarios es un síntoma más de la ola de violencia que recorre el país y, especialmente, de lo que sufre la prensa ecuatoriana. Narcos que controlan lo que se dice y lo que no, la información que se cubre y la que se inventan para que sea contada. En definitiva, un intento de manipulación que se ve agravada por la desinformación que se cuela en todas las redes sociales del país.

Aunque esas imágenes fueron muy impactantes, no lo son menos las que nos llegan desde Gaza, donde los periodistas asisten al asesinato de sus familias, al bombardeo de sus casas y a una situación de peligro diario por el mero hecho de contarle al mundo lo que sucede a su alrededor. También ahí la desinformación, los bulos, las noticias falsas y los montajes audiovisuales están a la orden del día. Que Israel siga sin permitir a los y las compañeras periodistas entrar en la franja de Gaza después de más de cien días de ataques es otro síntoma de que optan por dar al mundo una información dirigida, sesgada y controlada. Otro ejemplo de desinformación.

Esto en lo que a dos situaciones conflictivas recientes se refiere pero si analizamos lo que sucede a lo largo y ancho del mundo, el panorama es desolador. Alguien con espíritu crítico dudará de casi todo, buscará dobles versiones y trabajos periodísticos para conocer la verdad; así todo, le será difícil encontrarla en algunos lugares. Pero quien se deje llevar por lo que cuentan muchos canales oficiales o por las redes sociales se convertirá en alguien fácilmente manipulable, con criterio sesgado y profundamente desinformado, es decir, un objetivo sencillo de controlar y atraer a las posiciones desde las que se promueven esa falta de información libre y rigurosa.

Quien se deje llevar por lo que cuentan muchos canales oficiales o por las redes sociales se convertirá en alguien fácilmente manipulable

Me acerco hoy a este asunto porque el Foro Económico Mundial, motor del Foro de Davos que se está celebrando esta semana, ha vuelto a alertarnos de los riesgos globales a los que se enfrenta la humanidad y por primera vez ha señalado a la desinformación como uno de los más acuciantes, particularmente en contextos electorales.

En los próximos dos años, aproximadamente 3.000 millones de personas en todo el mundo tendrán que elegir a sus representantes. Hablamos de lugares tan dispares como Bangladés, India, Indonesia, México, Pakistán, Reino Unido o Estados Unidos. Aunque el riesgo de desinformación y manipulación de quienes emitan sus votos no es el mismo en todos los lugares, lo cierto es que la difusión masiva de información errónea, controlada e inventada puede socavar la legitimidad de los gobiernos que se elijan. Y los resultados de algunas de las convocatorias, que ya han empezado a elegir a sus futuros candidatos, no nos tranquilizan precisamente. No hay más que ver quién ha arrasado en los famosos caucus de Iowa, Donald Trump, el impúdico hacedor de fake news.

El informe de Riesgos Globales divulgado por el Fondo Económico Mundial sugiere además que estos problemas podrían desencadenar situaciones violentas, crímenes de odio, enfrentamientos civiles y actos de terrorismo.

La difusión masiva de información errónea, controlada e inventada puede socavar la legitimidad de los gobiernos que se elijan

Ya no tenemos que preocuparnos únicamente de la incertidumbre económica o del cambio climático, que era de lo que hasta ahora nos alertaban año tras año desde el Foro. Ahora ponen el acento sobre este mundo polarizado y fragmentado y sobre la implicación que tiene el control que algunos gobiernos ejercen sobre unos medios de comunicación cada vez menos libres, más atados a ideologías y formaciones políticas y menos proclives a preservar la libertad de sus audiencias con informaciones veraces, contrastadas e incómodas para el poder.

Cada vez son más las agrupaciones y asociaciones de periodistas que luchan contra las ahora conocidas como “fake news” pero que existen desde el principio de los tiempos. La función del periodista no es dar a conocer lo que los gobiernos quieren sino lo que les incomoda. Un periodismo jabonoso, aquel que blanquea las malas actuaciones de quienes las ejercen, solo puede llevarnos a promover una ciudadanía sin criterio, maleable, dirigida y antidemocrática.

Algunos gobiernos ejercen control sobre unos medios de comunicación cada vez menos libres, más atados a ideologías y formaciones políticas

Únicamente un periodismo comprometido y unas empresas de comunicación que tengan la verdad como bandera pueden contribuir al desarrollo de un mundo libre y pacífico. Sí, la desinformación tiene mucho que ver con las situaciones de violencia que vemos a lo largo y ancho del mundo. El pensamiento único, la falta de espíritu crítico, labeligerancia impulsada por esas noticias falsas que grupos de poder se encargan de difundir en su beneficio son algunas de las razones por las que la paz se aleja cada vez más. El debate sereno, la discrepancia, la comparación de puntos de vista y la libre circulación de información nos convierte en personas con criterio, libres para decidir y para pensar.

Resulta absolutamente novedoso que un foro como el promovido por el Fondo Económico Mundial alerte sobre los peligros de la desinformación, que van mucho más allá de aislarnos de lo que sucede en el mundo. Pueden costarnos la vida. Ojalá copiemos a Taiwan, cuya Fundación para la Democracia organiza talleres en los que la ciudadanía aprende a identificar las noticias falsas para frenar el retroceso de la democracia y la violación de los derechos humanos. Saben que la manipulación de la información se ha convertido en un desafío diario para las naciones democráticas.