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Opinión

Cogestión de altos vuelos

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El Estatuto de Gernika avanza y los Gobiernos central y vasco acaban de cerrar la transferencia de siete nuevas competencias entre las que se encuentra una de las más anheladas desde Ajuria Enea: la cogestión de los tres aeropuertos vascos.

El lehendakari, primero, y Aitor Esteban, después, han anunciado a bombo y platillo la creación de un órgano bilateral aeroportuario Euskadi-Estado en el que se desarrollará toda esa coordinación y en el que se asegura que el Gobierno vasco podrá opinar en aspectos tan trascendentales como las nuevas inversiones que afecten a las tres instalaciones.

Lo que parece claro, tras varios cruces de declaraciones y alguna que otra tensión entre los socios del ejecutivo autónomo, es que la decisión final la seguirá tomando AENA.

Ya iremos viendo cómo funciona en la realidad este nuevo órgano, pero creo que este es un buen momento para reflexionar sobre cómo se puede mejorar la gestión de los tres aeropuertos, en una comunidad con tan poca superficie como Euskadi, y ver, sobre todo, cómo se pueden integrar en una estrategia más holística de movilidad y transporte, dejando atrás esa obsoleta manía de tratar los diferentes modos de transporte de manera independiente, sin tener en cuenta su conectividad, sinergias y necesidades conjuntas.

Es un buen momento para reflexionar sobre cómo se puede mejorar la gestión de los tres aeropuertos, en una comunidad con tan poca superficie como Euskadi

Las tres terminales vascas movieron el año pasado más de 7,8 millones de viajeros, incluyendo un récord histórico de Loiu, que con más de siete millones de pasajeros supone casi el 90% del volumen total. Vemos que estas cifras ya demuestran un claro desequilibrio entre las tres ubicaciones que se puede ver claramente en algunos síntomas de saturación del aeródromo vizcaíno, donde cada vez es más frecuente encontrase con infraestructuras, como su principal aparcamiento, sin plazas.

Asimismo podemos comprobar la dificultad de otras terminales, como la de Foronda, para realizar inversiones de calado que le permitan crecer en vuelos y pasajeros. Está claro que cada instalación tiene una realidad y objetivos diferentes, pero también debería estar claro que esa realidad y objetivos deberían revisarse de manera conjunta, teniendo en cuenta también las operativas de los otros cinco aeropuertos que operan en un radio de poco más de 100 kilómetros. 

Seguramente, si partiéramos de cero, estarían todos ustedes de acuerdo conmigo en afirmar que no parece que tener tres aeropuertos en un país de poco más de dos millones de habitantes y 7.234 km2 sea la decisión más eficiente, sostenible y sensata. Sin embargo, ya que los tenemos, quizás va siendo hora de pensar cuestiones como las sinergias que pueden darse entre las tres terminales, la conectividad entre las mismas y con el resto de medios de transporte y su posible especialización, teniendo en cuenta las características técnicas de cada instalación.

De esta manera, quizás podríamos abordar cuestiones como la longitud de la pista de Loiu y su dificultad para ampliarla o la cantidad de vuelos que se cancelan por sus especiales condiciones meteorológicas. Y también se podría aprovechar otros órganos bilaterales, como el que se tiene con Aquitania para ver sinergias del aeropuerto de Hondarribia con el de Biarritz, dos infraestructuras aeroportuarias a menos de 40 kilómetros de distancia.

Es hora de pensar cuestiones como las sinergias que pueden darse entre las tres terminales, la conectividad entre las mismas y con el resto de medios de transporte

No me cabe la menor duda de que las instituciones tienen trabajo por delante si quieren, de verdad, hacer una gestión más eficiente y sostenible de nuestras infraestructuras aeroportuarias. Hemos perdido ya algunas oportunidades magníficas para integrarlas en la red general de transporte público. En más de tres décadas de construcción de la Y Vasca, ¿a nadie se le ha ocurrido lo interesante que hubiera sido establecer una estación de alta velocidad en Foronda que conectara esta terminal en 20 minutos con Bilbao y en 45 minutos con Donostia-San Sebastián?

Sobre todo por la capacidad de las instalaciones alavesas para recibir todo tipo de aviones, incluidos los más grandes que operan las líneas transatlánticas y, también, por sus mejores condiciones meteorológicas y su capacidad de crecimiento. Está claro que el sentido común no siempre es el más común de los sentidos. De hecho, los vitorianos no han tenido una conexión directa con el aeropuerto de Loiu en transporte público hasta el verano de 2025, y para hacerlo no hacía falta crear un órgano bilateral con el Estado, sólo que las diputaciones de Bizkaia y Álava se pusieran de acuerdo.

Los vitorianos no han tenido una conexión directa con el aeropuerto de Loiu en transporte público hasta el verano de 2025, y para hacerlo no hacía falta crear un órgano bilateral con el Estado

Está claro que los aeropuertos son infraestructuras esenciales y necesarias para el desarrollo de un país y también debería estar tan claro que no son infraestructuras aisladas y que deben formar parte de toda la red global de transporte y movilidad. Así que, una gestión sostenible de los mismos pasa por tener en cuenta el resto de infraestructuras y, por ejemplo, incentivar que los desplazamientos que no superen los 500 kilómetros se hagan en medios con menos impacto ambiental, como el tren.

También que se haga una programación coordinada de los destinos para no hacerse la competencia en algunos y dejar otros sin servicio. En un contexto como el actual, en el que las descarbonización y la reducción de gastos energéticos es cada vez más acuciante, la gestión o la cogestión de los aeropuertos vascos debe tener también en cuenta estos aspectos. Los altos vuelos del futuro pasan necesariamente por las bajas emisiones.