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Jon Uriarte, durante una comparecencia ante los medios de comunicación.

Jon Uriarte, durante una comparecencia ante los medios de comunicación. EFE/Luis Tejido

Opinión

El deporte menos deportivo

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Es tiempo de descanso para la mayoría, tiempo de desconexión, de asueto y para muchos de practicar o de ver deporte. Las vacaciones se prestan a ello, del mismo modo que nos permiten reflexionar sobre algunas cuestiones que en la vorágine de nuestro habitual día a día, suelen pasar más desapercibidas.

Tal vez sepan, si son de esas personas que consumen información habitualmente, que recientemente, nos hemos encontrado con dos noticias relacionadas con el famoso deporte rey, el fútbol, que no están precisamente impregnadas de espíritu deportivo. 

La primera hace referencia a la denuncia del presidente del Athletic sobre amenazas que presuntamente ha recibido, y la segunda sobre los insultos y amenazas que una árbitra, menor de edad, recibió en un partido en Basauri hace tan solo unos días.

Estas dos historias, denunciadas públicamente por los afectados han trascendido, en el primer caso, evidentemente por tratarse del presidente de uno de los clubes más importantes, y en el segundo, seguramente por tratarse de una menor y además, mujer.

Si les pica la curiosidad sobre hasta qué punto este tipo de comportamientos e incidentes son habituales, no tienen más que bucear en la hemeroteca y ver que situaciones parecidas son peligrosamente recurrentes, y que se reproducen cada fin de semana. 

Si el deporte es por definición la promoción de valores y de buenos comportamientos, es obvio que algo está pasando, y que algo estamos haciendo mal, puesto que los malos ejemplos se prodigan a sus anchas

Si el deporte es por definición la promoción de valores y de buenos comportamientos, es obvio que algo está pasando, y que algo estamos haciendo mal, puesto que los malos ejemplos se prodigan a sus anchas.

Ante esta situación podemos caer una vez más en la tentación de pensar que está fallando el sistema educativo, ya que muchos de los incidentes se producen entre menores. Evidentemente los centros educativos tienen mucho que decir y que aportar en este contexto, pero no nos equivoquemos, la educación en los centros, no es el primer eslabón en el que debemos poner nuestra atención. 

La educación en valores debe empezar en casa y alimentarse en la escuela, y a partir de ahí, extenderse a todos y cada uno de los ámbitos sociales. De este modo lograríamos un enfoque comunitario para un problema cada vez más extendido. Lo que ocurre en el deporte también se da en otros ámbitos, pero en el deportivo es todavía más sangrante porque choca frontalmente con los valores y el espíritu deportivo.

Por otra parte cuando hablamos del ámbito educativo, tendemos a pensar en menores y en la escuela, y efectivamente es parte del espectro que debe cubrirse, y además de forma prioritaria, pero como venimos planteando no es el único. Por poner un ejemplo práctico y a la vez ilustrativo de esta idea, aquí va uno que se produce en infinidad de ocasiones.

No hay educación que valga, si cuando salimos del deporte para los más pequeños, nos los llevamos a Mendizorroza, Anoeta o San Mamés a que escuchen insultos y visualicen comportamientos poco o nada adecuados

No hay educación que valga, si cuando salimos del deporte para los más pequeños, nos los llevamos a Mendizorroza, Anoeta o San Mamés a que escuchen insultos y visualicen comportamientos poco o nada adecuados.

Tenemos que partir de un diagnóstico fiel y ser conscientes de que en la sociedad cada vez más polarizada en la que vivimos actualmente, los malos ejemplos se multiplican, mientras que los buenos, ni siquiera se ponen en valor.

No es un problema sólo de menores, el problema es prioritariamente de adultos. Conviene además denunciar los malos comportamientos deportivos a través de todas las instancias pertinentes y también de forma pública. Es importante que se visualice en qué entorno y contra quién se producen las agresiones.

En este punto toca pedir valentía a los agredidos y agredidas, para que utilicen los medios de comunicación para dar a conocer lo que están viviendo. No es sencillo y como apuntaba es de valientes, pero es absolutamente necesario para intentar cortar de raíz y afear los malos ejemplos.

El deporte es otra cosa y es absolutamente beneficioso en todos los sentidos. Por eso es de justicia también decir que hay excelentes ejemplos sobre los que también hay que poner el foco. No se trata de estigmatizar un deporte, en este caso el fútbol, pero sí de dejar claro que en una sociedad sana que es a la que la mayoría de nosotros aspiramos, no caben las agresiones en ningún ámbito y menos en el deportivo.