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Una copia del Guernica del pintor español Pablo Ruiz Picasso

Una copia del Guernica del pintor español Pablo Ruiz Picasso Efe

Opinión

El 'Guernica', la M-30 y España

Las caras visibles y guardianes de las esencias del 'emetrentismo' yerran una y otra vez desde célebres tertulias. Y, sobre todo, contribuyen a hacer un país más pequeño, más cerrado y más obtuso

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Escribía esta semana Xavier Salvador, CEO del Grupo de Medios Global al que pertenece este diario, acerca de "la brocha gorda" con la que se mueven parte de la prensa madrileña y las élites que se ubican en la M-30.

Ya es archiconocido el 'emetrentismo' que exhiben esos círculos del poder político y mediático al observar e interpretar la realidad de nuestro país. No saben o no quieren saber que con su cortedad de miras sólo generan animadversión hacia la capital de España. Más aún en Cataluña y Euskadi.

Salvador se refería, en su artículo, a cómo ha sentado en la corte de Madrid el nombramiento de empresarios catalanes como Ángel Simón o Marc Murtra para dirigir grandes empresas del Ibex como Indra y Telefónica. Pero este fenómeno, tan repetido, es aplicable a muchas otras cuestiones.

Las caras visibles y los guardianes de las esencias del 'emetrentismo' yerran una y otra vez desde célebres tertulias. Y, sobre todo, contribuyen a hacer un país más pequeño, más cerrado y más obtuso cuando presuntamente aspiran a engrandecerlo, abrirlo y alumbrarlo.

Nadie tiene que contarme cómo funciona porque lo he vivido. He trabajado una década y media en periódicos de la capital. Alguien, un cráneo privilegiado de los que siempre dan titulares, toca zafarrancho de combate. Y entonces empieza la fiesta: hay vía libre para triturar cualquier idea, suceso o propuesta que se sale del raíl 'emetrentista'.

En Euskadi acabamos de verlo, o de volver a padecerlo, para ser más exactos, con una cuestión más cultural que política, más simbólica que verdaderamente relevante para la gente pero que, de pronto, se ha convertido casi en cuestión de Estado. Me refiero, claro está, al traslado del 'Guernica' de Picasso al Museo Guggenheim de Bilbao.

El Gobierno vasco lleva tiempo lanzando esa propuesta al Gobierno central. Imanol Pradales y su equipo reclaman que el lienzo se traslade a Bilbao durante nueve meses, no para siempre, amigos de los bulos, con motivo del nonagésimo aniversario del bombardeo de Gernika. Suceso que, como todo el mundo sabe y el propio nombre indica, fue decisivo en el cuadro de Picasso sobre la Guerra Civil.

Con motivo del Aberri Eguna (día de la patria vasca), tanto el presidente del PNV, Aitor Esteban, en una entrevista, como el propio lehendakari, durante el acto jeltzale de ese día, reclamaron otra vez ese traslado, con más ahínco que nunca.

Llegó la respuesta gruesa de Isabel Díaz Ayuso, presidenta de la Comunidad de Madrid, que tildó la idea de "catetada nacionalista". No voy a recopilar en este artículo, porque no habría espacio, todo lo que se ha publicado al respecto desde numerosos medios de comunicación. En síntesis, el traslado suponía algo así como la ruptura de España.

Yo mismo dije aquí, en mi vídeoblog semanal, previo al Aberri Eguna, que el traslado era una buena idea. Lo sigo pensando. Sería un acontecimiento cultural sin precedentes para Euskadi. Y serviría, a mi entender, para estrechar lazos entre las diferentes partes de España.

También sigo pensando que, pese al informe de los técnicos del Museo Reina Sofía que desaconseja con rotundidad el traslado por el estado del cuadro, esta es una cuestión de mera voluntad política. Si la hay, podrá hacerse, por complejo y costoso que sea el traslado. Así de simple.

Añado, ahora, con más reposo y tiempo para pensarlo, que es bastante ridículo que se censure cualquier posible movimiento de un cuadro que precisamente, por su concepción y su historia, se ha movido más que cualquier otro por Europa y América. Y sin que se haya destruido, por cierto.

Y agrego, para los que quieran pararse a pensarlo, que la pregunta que hay que hacerse es a quién beneficiaría y a quién molestaría ese traslado.

Para mí, en línea con lo anterior, España no se rompería, sino que se agrandaría con este gesto. Pero ya parece obvio, tras el portazo del Ministerio de Cultura precisamente basado en el informe técnico, que no habrá gesto alguno.

Cuestión distinta, claro está, es cómo vendería el nacionalismo ese traslado en caso de conseguirlo. No hay que ser ingenuos. Al pedir hace un tiempo al Gobierno nacional que pidiera perdón por el bombardeo de Gernika o por los crímenes del 3 de marzo, los peneuvistas y los abertzales ya dejaron claro, fieles a su costumbre, cuáles podrían ser sus intenciones en este caso.

¿Qué mejor manera de combatir ese victimismo nacionalista que con un acto de generosidad como sería el traslado del 'Guernica' durante un tiempo?

Es obvio que ahora tendrían al menos la tentación de vender el hipotético traslado del cuadro como una suerte de victoria de Euskadi frente a España. O, en palabras del propio Pradales el domingo, como un "acto de reparación al pueblo vasco", como si éste último estuviera enfrentado al pueblo español.

Porque eso, el relato de Euskadi como víctima de España en la contienda civil, además de falso, claro -en los dos bandos había de todo-, es una constante.

¿Qué mejor manera de combatir ese victimismo nacionalista que con un acto de generosidad como sería el traslado del 'Guernica' durante un tiempo? Con explicación y pedagogía, por supuesto, para que no se malinterpretase ni se manipulase en favor de una ideología.

La cultura es de todos. Una obra como el 'Guernica' es universal. Y España, por supuesto, es más que Madrid, la ciudad que más amo y añoro, dicho sea de paso.

Digan lo que digan las élites de la M-30, siempre tan soberbias, sigo pensando, por todo lo dicho, que traer el cuadro al Guggenheim es una buena idea. Si no, siempre nos quedará instalar una réplica virtual, como acaban de hacer en París.