Aitor Esteban en el Aberri Eguna
Acaban los nacionalistas vascos de celebrar, un domingo de Resurrección más, su día de la patria. Digo su porque el empeño primero de los nacionalistas vascos es que no sea nuestro, de todos, los nacionalistas y los que no lo somos. Entre estos últimos, creo que somos mayoría los que no celebramos ningún día de la patria, menos aún un día del soldado. Pero lo mismo que acabamos aceptando que la bandera o el nombre del país inventado por los hermanos Arana fuera el de todos, podríamos también haber asumido un día de celebración colectiva e incluso admitiendo, los que somos ateos, que fuera en Semana Santa.
No lo hacemos por la sencilla razón de que nunca se nos ha propuesto algo semejante. La fiesta de la patria es solo para nacionalistas, es decir, para los vascos nacionalistas. Los demás vascos recibimos cada domingo de Resurrección el mismo mensaje: no formáis parte de la patria.
Es como la Korrika, que no es el día del euskera, sino el día del euskera de los nacionalistas. No hacemos mucho drama de ello porque, o nos pilla fuera y con pocas ganas de leer en la prensa cómo nos recuerdan tan trascendental el hecho, o porque es lo habitual, lo de siempre, lo que cotidianamente percibimos quienes no somos nacionalistas, solo que solemnizado.
Es muy propio del nacionalismo excluir de la patria a los que no lo son. Sin embargo, como el nacionalismo ni es una ideología ni es monolítico, los hay que han derivado en formas mucho más civiles, que tratan de integrar las diferentes identidades que pueblan el espacio de la nación.
Vox quiere cambiar la constitución, para que la nación plurinacional deje de existir y vuelva a ser tan monolítica como la de los nacionalistas vascos
Eso es, por ejemplo, la España plurinacional, un intento, inédito hasta 1978, de definir la nación española como un conjunto de nacionalidades y regiones con derecho propio a la autonomía. Por eso Vox quiere cambiar la constitución, para que esa nación plurinacional deje de existir y vuelva a ser tan monolítica como la de los nacionalistas vascos.
Entre PNV y Bildu hay, sin embargo, diferencias porque el primero es más capaz de dialogar con esos otros vascos que están más allá de la patria. Pesa haber compartido con ellos gobiernos y, hasta cierto punto, dolor.
En una reciente entrevista, algo de esto insinuaba Aitor Esteban. Bildu, no. Los guardianes de las esencias aberrianas son inmunes, por supuesto, al dolor de otros vascos porque entienden que es algo debido precisamente porque no somos patria. Por ello compartir gobierno es también mucho más difícil para ellos que para el PNV, con el resultado de que gobiernan menos de lo que deberían de acuerdo con su apoyo electoral.
El paso que abriría completamente el panorama político vasco a experimentos hoy imposibles es justamente ese, el de la integración de todos los vascos en una patria, una comunidad política y afectiva compartida.
Para que esto pueda darse, es paso obligado del nacionalismo vasco admitir que la patria vasca no se agota en una sola identidad sino que es plurinacional. Si despejamos el ambiente de reclamaciones identitarias para la galería, el discurso del PNV parece más proclive a esta posible integración plurinacional de Euskadi.
Contamos con un banco de pruebas en la universidad pública para calibrar la capacidad de Bildu para aceptar la diversidad de identidades en Euskadi.
El desprecio por el idioma, la cultura o las referencias de lo español en la universidad no es casual, es el proyecto de Bildu para esa patria nacionalista sin fisuras
Si lo que está ocurriendo en la UPV/EHU ahora es el modelo de Bildu para el país, parece evidente que lo de la pluralidad o no se ha entendido o, más seguramente, de plano no se admite. El desprecio por el idioma, la cultura o las referencias de lo español en la universidad no es casual, es el proyecto de Bildu para esa patria nacionalista sin fisuras.
Es paradójico, porque la plurinacionalidad de España (“del Estado”) se reclama más desde los nacionalismos que no están nada dispuestos a aplicar ese mismo principio en los ámbitos de su propia patria. Bildu ha contado en este 2026 con el apoyo de una izquierda española que se reclama muy afín a esa plurinacionalidad. La pena es que no hayan aprovechado para exigir a Arnaldo Otegi que la acepte.
Cuando el nacionalismo vasco dé ese paso hacia el reconocimiento de la plurinacionalidad, admitiendo que los vascos nos identificamos de maneras diversas, habremos avanzado hacia una patria vasca y no solo nacionalista.
Cuando la lengua, los símbolos, la cultura españolas sean aceptadas como vascas, porque lo son, estaremos mucho más cerca de que un domingo de Resurrección un ateo como yo se quede por aquí a celebrar algo.