Hay exceso de eventos con presentaciones.
Insufrible
La diferencia entre una presentación brillante, una normal y una mediocre está muchas veces en los detalles y en el cuidado que se ponga en los mismos
Casi siempre por suerte, y en alguna ocasión por desgracia, me toca asistir a numerosas jornadas públicas de todo tipo de contenidos y temáticas en las que intervienen ponentes de lo más variopinto.
El exceso de eventos de estas características tal vez me lleve a ser especialmente crítica con errores que se ven de forma bastante habitual, y que son fácilmente subsanables. Por eso me permito aprovechar este espacio para dar algunos consejos que pueden ayudar.
La diferencia entre una presentación brillante, una normal y una mediocre está muchas veces en los detalles y en el cuidado que se ponga en los mismos. De hecho, con detalles mínimos puede cambiar radicalmente la escena y con ella la imagen que nos llevemos de la jornada o el evento.
Hay muchas cosas que cuidar pero prioritariamente, el éxito o el fracaso depende en un porcentaje muy elevado del ponente. He ido recopilando algunos fallos recurrentes que son de fácil solución. No suelen darse todos juntos pero a veces, los encontramos todos en batería, lo cual convierte la exposición en un horror y en una obvia pérdida de oportunidad.
Lo primero es el tiempo. Si la sesión es de 45 minutos, el público espera que dure 45 minutos. Se puede recortar un poco y a veces eso se agradece, lo que no tiene medio pase es alargarla. Si además se alarga intencionadamente, el problema es mayor.
Adaptarse al público es vital. No se puede hablar igual a niños de once años, que a mayores de 65. Parece obvio, pero no siempre se tiene en cuenta, y eso entre otras cosas, acaba siendo una falta de respeto a la audiencia.
Cuando haces una intervención no sólo es lo que cuentas, de hecho eso es lo que menos importa. Lo importante es cómo lo cuentas. El tono de voz que empleas y el lenguaje no verbal tienen mucho más impacto que el contenido.
La presencia en el escenario no debe improvisarse. Conocer el entorno en el que te vas a mover es importante. Y si eres de los “modernos” que deciden intervenir de pie en lugar de sentados, porque te gusta moverte, cuidado porque hay una tendencia poco sana a dar la espalda al público para ver el power point, y eso es de una mala educación que aturde
Si te llevas apoyos gráficos o audiovisuales, deben ser eso, apoyos que ayuden al público, no a ti, a reforzar y a acompañar tu mensaje. Nadie necesita que le leas un archivo de 40 pantallazos mientras lo proyectas. Todos sabemos leer. Tú documento, no debe ser nunca el del público al que te diriges. Escuchar media hora a un ponente mientras lee lo que está proyectando es soporífero.
La presencia en el escenario no debe improvisarse. Conocer el entorno en el que te vas a mover es importante. Y si eres de los “modernos” que deciden intervenir de pie en lugar de sentados, porque te gusta moverte, cuidado porque hay una tendencia poco sana a dar la espalda al público para ver el power point, y eso es de una mala educación que aturde.
Implicarse con la audiencia supone estar atento a cualquier gesto que recibas mientras estás en el escenario. Si percibes un bostezo tenlo en cuenta, tal vez te estén pidiendo que acortes tu presentación, o que utilices algún recurso para volver a enganchar con el público.
Si alguien se ha dormido la cosa es más peliaguda , si hay más de un dormido en la sala, ve terminado porque si lo alargas, igual el único que se mantiene despierto eres tú.
Otra clave sobre la valoración de tu exposición se deja sentir cuando hay turno de preguntas . Si nadie las hace, pregúntate por qué. No tengas la tendencia a pensar que lo has dejado todo clarísimo. La realidad suele ser precisamente la contraria. O no se ha entendido nada o has aburrido a la gente que te escuchaba.
Otra clave. Cuando alguien se levanta antes de tiempo y se va, te está mandando una señal. Normalmente es porque no se están cubriendo sus expectativas. Si el primero que sale invita a otros a abandonar la sala, tienes un problema, la cosa no va bien así que lo mejor es intentar reconducirla.
Si la gente se va porque se ha consumido el tiempo y tú quieres seguir, no hay otra que terminar. El tiempo de todos es igual de importante.
Finalmente si tienes que hacer una intervención y tienes dudas, déjate asesorar por quien sabe.
Cuando se ven estas situaciones erróneas desde el patio de butacas, se sufre y nadie va a un acto para sufrir.