El presidente del PNV, Aitor Esteban, junto al coordinador general de EH Bildu, Arnaldo Otegi Europa Press
Imagínense que el PNV y Bildu desarrollan y aprueban una ley sobre el euskera que expulsa de la función pública, de los entes y fundaciones institucionales, así como de las empresas que prestan servicios a todo lo anterior, a las personas que solo hablen castellano.
En dicha norma se exigiría, en los primeros casos, un nivel lingüístico de libre disposición por parte de los empleadores, y en los segundos, los proveedores de bienes y servicios, la obligación a garantizar una correcta y fluida comunicación en euskera entre —por ejemplo— la empresa que vende las sillas del ayuntamiento de Gordexola y los funcionarios. Oh, wait! Esto último ya ocurre y está en muchos pliegos consursales.
Solo quedarán exentos de hablar con fluidez y entender sin reparo euskera alcaldes, concejales, diputados forales, junteros, parlamentarios, lehendakari, consejeros, diputados, senadores, además de los cargos de designación directa necesarios. Sean de partidos nacionalistas vascos o no. A los que protesten Jesse Plemmons les hará la mítica pregunta ¿Y tú, que clase de vasco eres? En las municipales y forales ganaría Bildu.
Lo más probable, o lo más lógico, yo ya no se, es que el PNV aguante el tirón, se la envaine y se quede con su socio actual, el PSE-EE, manteniendo el statu quo actual y acordado respecto al uso de la lengua en la administración, mientras retoman intensa y enérgicamente los trabajos multidisciplinares, transversales y supercalifragilisticoespialidosos necesarios para actualizar la Ley de 1982.
¿Y tú, qué clase de vasco eres?
Bildu no desaprovecharía la ocasión, obvio, y sometería a los jeltzales a una fuerte presión etnolingüística en los pueblos, comarcas y ciudades durante todo el verano, aprovechando las jaiak para señalar —les priva— a los kolonos y a los zipaios a los que preguntarían: ¿Y tú, qué clase de vasco eres?
Pero el PNV, que tonto no es, ya cuenta con ello. Confía en que, en medio de este fregado, a Bildu le explote en las manos el artefacto GKS, al que sigue vetando de los principales y más productivos espacios festivos.
Sin duda, esta negativa a ceder un espacio que renta mucho dinero y que carece de cualquier control administrativo efectivo y real (las instituciones que nos cobran impuestos y tasas por casi todo han desertado lastimosamente de este berzal) provocaría enfrentamientos y disturbios durante el verano vasco sin que los guardamokordos y otros cuerpos y fuerzas de seguridad de las herriko jaiak puedan impedirlo.
¿Hubo alguna vez 450 intelectuales vascos en Euskal Herria?
Los 450 intelectuales vascos y vascas y vasques, firmantes del manifiesto pro GKS Txozna, subirían a 638. Surgen, en este caso, dos preguntas: ¿Hubo alguna vez 450 intelectuales vascos en Euskal Herria? y la segunda: ¿Y tú qué clase de vasco eres?
A la salida del verano, el PNV vería reforzada su imagen de partido de orden, mientras que Bildu acusaría el desgaste. Al fin y al cabo, habrían dejado al descubierto sus miserias de partido totalitario: leña al discrepante, presión, ostracismo y violencia. Nada nuevo, para algunos, pero que horrorizará, espero, a los adanistas que piensan que el futuro pasa por los de la prioridad nacional vasca. En las municipales y forales ganaría el PNV.
Obvio decir que no me siento concernido por este juego de tronos entre nacionalistas y populistas. Solo estoy en medio y, una vez más, me tendré que aguantar. Y esperar que no suceda nada irreparable.