El incendio de Los Gallardos, en Almería.
Estamos ya en las puertas de un super año electoral. En 2027 vamos a elegir de nuevo a nuestros y nuestras representantes en los ayuntamientos, diputaciones y en el gobierno central. Van a comprobar todos ustedes como a lo largo de los próximos meses los cortes de cintas de nuevos proyectos se van a suceder sin solución de continuidad. Vivimos en una sociedad en la que lo nuevo tiene un valor extra y en demasiadas ocasiones nos olvidamos de un verbo clave en cualquier política de desarrollo de un territorio: mantener.
Muchos de nuestros políticos viven obsesionados por hacer nuevos proyectos, dejar su impronta, a veces sin tener en cuenta que ya hay otros propuestos en los que se ha gastado una importante cantidad de dinero público y que son tan buenos como el que están proponiendo.
Esta actitud y el cortoplacismo de algunos, que sólo tienen el horizonte en una legislatura, convierten el necesario mantenimiento de todas nuestras infraestructuras en una asignatura pendiente y esto empieza a notarse de manera evidente en diferentes aspectos de nuestra vida diaria.
Lo podemos ver, por ejemplo, en nuestras carreteras, llenas de baches y con obras de reforma que nunca llegan, lo sufrimos en nuestras propias carnes con la obsoleta red tradicional de ferrocarriles e incluso en la relativamente nueva de alta velocidad.
El accidente de Adamuz está obligando a revisar todos los recorridos de una infraestructura que hasta hace bien poco era el orgullo de un país y el ejemplo en el que se miraban otros países de todo el mundo. Inaugurar un nuevo recorrido o un nuevo tren atrae los focos mediáticos, cambiar vías, no tanto, pero les pudo asegurar que es tan importante una cosa como la otra y ningún territorio puede avanzar y progresar sin tener en cuenta, en sus presupuestos y en su estrategia, el mantenimiento de sus diferentes infraestructuras.
El mantenimiento tiene mucho que ver también con la proliferación de los incendios forestales. En Euskadi ya hemos padecido varios a estas alturas de verano y en España no hay semana sin uno de estos episodios, a veces con consecuencias tan graves como el de Almería.
Es evidente que el cambio climático, que provoca un continuo aumento de las temperaturas, es su principal causa, pero también lo es la falta de mantenimiento y limpieza de nuestros montes, provocada por su progresivo abandono.
Muchos de los incendios que se declaran no serían tan graves si no encontraran como caldo de cultivo para su desarrollo la maleza que se acumula tras años y décadas sin un adecuado mantenimiento.
Lo vemos, además, en nuestras ciudades, que muchas veces se diseñan sin tener en cuenta esta importante variable. Así, nos encontramos con pavimentos dignos de un palacio de las mil y una noches que apenas resisten el paso del tiempo y cuando queremos reponerlos, ya no se producen.
También durante mucho tiempo se han creado zonas verdes con especies que necesitan mucha agua en zonas donde cada vez llueve menos. Esto en lo que respecta a cuestiones que todos podemos ver, pero si nos adentramos en las infraestructuras vitales que no se ven, como las redes subterráneas de abastecimiento de agua u otros suministros alucinaríamos con el estado de algunas de ellas.
Según algunos estudios, en España se pierde cerca de un 20% del agua suministrada por el mal mantenimiento de su red. Es verdad que en Euskadi tenemos algunos ejemplos de todo lo contrario, gracias a un trabajo e inversión continuados. La red de abastecimiento de agua de Vitoria-Gasteiz lleva muchos años siendo reconocida como una de las más eficientes de Europa. Mantenerla en buen estado es esencial y lógicamente este coste debe ir en la factura que pagamos.
¿Se imaginan una casa en la que durante décadas no invertimos nada? Todo se quedaría obsoleto y su eficiencia disminuiría drásticamente. Por eso, son tan importantes las políticas de rehabilitación de todos los edificios, para mejorar su confort pero también para mejorar su eficiencia, consumir menos energía y producir menos contaminación.
A veces, el sentido común es el menos común de los sentidos y nos olvidamos de la importancia de conjugar el verbo mantener en todas sus posibles acepciones. Está claro que un país que no practica el mantenimiento no avanza y, además, malgasta sus recursos. Hay que reivindicar la importancia de alargar la vida útil de todo lo que construimos y de sensibilizar a la ciudadanía de que no siempre lo más nuevo es lo mejor.
La falta de mantenimiento está en la base de alguno de los problemas que han tenido muchos territorios en su funcionamiento diario. Sin mantener no se puede crecer.