Vacaciones / GETTY IMAGES
En estos días para muchos de vuelta de las ansiadas y casi siempre merecidas vacaciones, es habitual preguntar y responder a amigos y conocidos: ¿qué tal ha ido?
Es una pregunta arriesgada porque hay quienes tienden a contarte todo lo que han hecho, pero estos no son los que nos interesan en esta ocasión.
A esa pregunta sobre el descanso estival hay quienes de forma más habitual de la aconsejable responden: "no he cogido ni un solo día".
Son los autónomos y las autónomas de este país, que no se pueden permitir colgar el cartel de 'cerrado por vacaciones'.
Esa precisamente, ha sido la respuesta de mi librera de referencia cuando hace una semana me acerqué para comprar unos libros y le hice la famosa pregunta.
Mientras hay quien reclama el derecho al descanso, a la huelga, a la desconexión... hay miles de autónomos que no pueden ir de vacaciones
Al escuchar su respuesta y ver su expresión le dije "estarás cansada" y se le iluminó la cara: "no sabes cómo te agradezco que lo entiendas", me dijo.
Sí, por supuesto que lo entiendo.
Entiendo perfectamente que mientras hay quien reclama el derecho al descanso, a la huelga, a la desconexión… hay miles de autónomos que no se pueden ir de vacaciones.
Y a esta realidad hay que sumar las reacciones que se encuentran al otro lado, y que mi librera ha vivido en sus carnes este mes de agosto. "Te quedas porque te encanta lo que haces".
Sí claro, en general a los autónomos nos gusta lo que hacemos, porque si encima no nos gusta, apaga y vámonos. Pero que nos agrade no significa que esté bien que no nos cojamos vacaciones, porque puede más la pasión por el trabajo que unos días de desconexión.
La mayoría de los que no se van de vacaciones como es el caso de mi librera es porque no se lo pueden permitir.
Literalmente sí a lo que dejas de ganar por cerrar el comercio o la empresa, le añades lo que gastas, es muy posible que no puedas arreglar el roto en el resto del año.
Empatía
Así es la realidad de muchos autónomos que además no se quejan porque han/hemos elegido serlo, pero a la vez agradecen/mos un poco de empatía.
Lo de que nos encanta lo que hacemos y por eso muchos no cierran no es en todo caso, la peor de las reacciones con las que nos encontramos. Hay una que se lleva la palma y que es tan recurrente como agresiva: "vaya mierda de negocio tienes, si no te da para irte unos días".
Sean ustedes bienvenidos a la realidad de muchos autónomos a los que no les da para irse.
Nuestra gran incertidumbre es qué nos dan a cambio y, sobre todo, de qué vamos a vivir cuando cerremos el negocio
Y ojo, porque mientras ellos tienen que quedarse los que se van lógicamente son los empleados, en el caso de que los tengan.
Los empleados como cualquiera, evidentemente están en su derecho de disfrutar de las vacaciones, eso ni se cuestiona.
Somos casi 18.000 autónomos en Euskadi, más de 3 millones en España y seguimos teniendo mucha menos voz de la que nos corresponde a la hora de reivindicar derechos.
Trabajamos calladamente y pagamos (la mayoría) religiosamente nuestros impuestos. Porque todos, con o sin vacaciones, hemos saldado nuestras cuentan con Hacienda, que nunca se olvida de cobrar, a finales de julio.
La gran pregunta, nuestra gran incertidumbre es qué nos dan a cambio, y sobre todo, de qué vamos a vivir cuando cerremos el negocio, porque lo que nos queda es de chiste, así que por aquello de ir haciendo caja, o por necesidad imperiosa, las vacaciones, los días libres no están al alcance de todos.
Aún siendo importante porque sin descanso, es imposible rearmarse para poder seguir incentivados y con iniciativa, lo de las vacaciones es casi lo de menos.
Por la misma regla de tres, tampoco podemos enfermar, de hecho enfermamos poquísimo, ahí están las estadísticas que lo atestiguan.
Debe ser que con el carné de autónomo te dan otro que te hace inmune.
En definitiva, el progreso en el mundo de los derechos laborales avanza, pero no para nosotros que parecemos los parias del mercado laboral. En todo caso, en estas circunstancias cuando alguna/o se queda sin vacaciones, tengamos cuando menos un pelín de empatía.
Un millón de gracias a mi librera por seguir manteniendo algo tan complicado y a la vez tan hermoso como es una librería.