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El portavoz de EHBildu, Peio Otxandiano, escucha la intervención del lehendakari, Imanol Pradales

El portavoz de EHBildu, Peio Otxandiano, escucha la intervención del lehendakari, Imanol Pradales EFE

Opinión EL APUNTE DEL DIRECTOR

Pradales hace de Pradales en un debate que no pasará a la historia

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El debate de política general de este jueves en el Parlamento vasco no pasará a la historia del parlamentarismo. Ni español ni vasco ni de ningún sitio. Fue, en general, un debate absolutamente previsible, sin apenas sorpresas ni sobresaltos, en el que todos hicieron de ellos mismos y nadie destacó por encima del resto.

El lehendakari, Imanol Pradales, es el que más hizo de sí mismo. Porque fue más fiel que nunca a su estilo. No es el más alegre ni el que más grita, pero cumple las expectativas. Aporta datos, tira de calma para huir de la confrontación y busca un lenguaje cercano a los problemas reales de la gente. Justo lo que lleva haciendo desde que gobierna.

Pradales hizo autocrítica en algunos temas capitales, como Educación y Vivienda, y lanzó algunas promesas que pueden ser interesantes, sí, pero que adolecían de falta de concreción. Por ejemplo, su plan para el uso responsable de las pantallas es una fantástica idea, pero sin medidas concretas.

Aún menos concreción mostró al hablar de autogobierno. Porque resultó paradójico que Pradales dijera que va a estar "al frente" de los movimientos en este campo cuando, al mismo tiempo, abogó simplemente por "reconocer la singularidad nacional vasca" -ya reconocida en el Estatuto de Gernika, por cierto-.

Además, habló de que el resultado de la negociación entre PNV, EH Bildu y PSE debería incluir "mecanismos de decisión sobre el futuro político de Euskadi", en lo que parece una referencia al "derecho a decidir", sí, pero más que vaga, por no decir calculadamente imprecisa.

El anuncio de invertir 340 millones de euros para combatir las olas de calor en edificios públicos, la idea de luchar contra el absentismo o la petición de diálogo a los agentes sociales también fueron momentos destacados, incluso diríase que acertados para Pradales, pero sin demasiado brillo.

Ya por la tarde, en el cara a cara con los grupos, Pradales se animó un poco más al condenar todo tipo de violencia -incluidas las coacciones a quienes defendían a la selección española el pasado verano-, al concretar algunas medidas o al chocar en varios asuntos con Vox y PP.

Todos los demás intervinientes también hicieron lo que de ellos se esperaba. Nadie se salió del guión ni generó pasiones. Aunque conseguirlo es complicado, justo es decirlo, en este tipo de debates.

Así las cosas, el debate no pasará a la historia, pero al menos nos entretuvo durante unas horas.