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El presidente de la Confederación Española de Organizaciones Empresariales (CEOE), Antonio Garamendi./ EuropaPress
El presidente de la Confederación Española de Organizaciones Empresariales (CEOE), Antonio Garamendi./ EuropaPress

El getxoztarra Antonio Garamendi Lecanda repetirá otros cuatro años como presidente de la CEOE tras unas elecciones en las que ha batido a su rival con tal contundencia que ha quedado claro que aúna en torno a sí un enorme consenso. ¿Qué ha hecho tan bien este abogado de Deusto que se mueve por Madrid como Pedro por su casa?

Garamendi es una curiosa mezcla de niño bien de Neguri, un rockero de la movida madrileña, un gran seductor, un empresario que pasa más horas charlando con la gente que en la oficina, un entusiasta de la comunicación corporativa y, sobre todo, un político con disfraz. Porque todas esas facetas se reúnen en este seguidor del Athletic que estudió en Gaztelueta, el mismo colegio del Opus Dei al que ha mandado a sus tres hijos.

De todas ellas las que más le han ayudado en las elecciones de la CEOE son las dos últimas. Porque Garamendi es más político que empresario, una labor que siempre ha ejercido a medias, combinada con constantes irrupciones en el mundo asociativo empresarial. Desde la tímida Ajebask hasta la Confederación Española de Pequeñas y Medianas Empresas (Cepyme), desde la que dio el salto a la CEOE. Sin olvidar que también ha formado parte de los consejos de Cebek y de la Cámara de Bilbao.

Ha sabido alternar cariño con pelea en las dosis necesarias para que cada uno se pueda mantener en su sitio

Garamendi conoce, por tanto, el terreno como nadie. Por si fuera poco, se entiende con los políticos de uno y otro partido como solo José María Cuevas supo hacer durante los más de 20 años que ocupó la presidencia de la CEOE. Manteniendo, eso sí, la necesaria independencia. Solo se le ha conocido cierta proximidad, a principios de siglo, con la UPyD de Rosa Díez y Carlos Martínez Gorriarán, pero más por su ánimo reformista que por otra cosa.

Sin olvidar que el PSOE de Zapatero le aupó al consejo de administración de Red Eléctrica Española y el PP de Aznar le colocó en el de Babcock Wilcox, aunque en este último caso pudo tener más que ver su vinculación familiar con el entonces presidente, Ramón Vecino. De ahí que Garamendi haya sabido mantener a la CEOE siempre "en la pomada". El Gobierno de Sánchez ha contado con él y con la organización que preside para casi todo y él ha sabido alternar cariño con pelea en las dosis necesarias para que cada uno se pueda mantener en su sitio. Se ha trabajado a fondo los 300.000 euros más bonus que cobra anualmente por su dedicación completa a la CEOE.

Parecía que los que acudían a la urna tenían que elegir entre alguien que lo estaba haciendo relativamente bien y una marioneta de quien solo ve a la CEOE como un resorte de poder

La otra clave del éxito de Garamendi es su dominio de la comunicación corporativa. No hay que olvidar que llegó a controlar el 30% del periódico La Gaceta de los Negocios y que su principal emprendimiento ha sido probablemente Galea Empresarial, una agencia de relaciones públicas que toma su nombre de los campos de golf de Neguri desde los que también se divisa a los veleros que salen del Abra.

Garamendi se ha trabajado a fondo a todos los periodistas económicos españoles, cuya asociación profesional llegó a premiarle precisamente por ello. Responde a todas las preguntas y acepta casi cualquier entrevista, sabedor de que son ellos los que después van a transmitir al mundo empresarial español una buena o mala imagen de su labor. Los periodistas económicos le adoran.

No es de extrañar por tanto que la prensa haya machacado a su rival electoral, que por otra parte no ha sabido dejar claro en qué se iba a diferenciar su gestión de la de Garamendi. De tal manera que parecía que los que acudían a la urna tenían que elegir entre alguien que lo estaba haciendo relativamente bien y una marioneta de quien solo ve a la CEOE como un resorte de poder.

Explicadas las claves de su triunfo, que tiene pinta de ir para largo, hay que decir también algo sobre su relación con Euskadi, que es profunda aunque a simple vista no lo parezca. Porque a diferencia de otros empresarios vascos que se han asentado en Madrid, Garamendi sigue volviendo muchos fines de semana a Bizkaia y presume de bilbaíno allí donde va.

Es evidente que no es del PNV y que tampoco ha sentido un especial interés por las organizaciones empresariales locales, probablemente por lo primero. Pero tanto su familia como la de su mujer, María Acha Satrústegui, están detrás de compañías que fueron grandes símbolos de la opulencia de Neguri. Desde Marítima del Nervión hasta Tubos Reunidos, de la que su padre llegó a tener casi un 3%, sin olvidar a la Compañía Transatlántica del primer barón de Satrústegui.

Garamendi es una rara avis en el empresariado vasco. Le interesaba más la comunicación que la metalurgia pero nunca jamás ha querido cortar con unos orígenes que le sitúan más bien en este segundo lado. Se beneficia de la fama que tiene el vasco de emprendedor, que hoy sería muy discutible, sin la mala imagen que tiene la política de Euskadi. Seguirá dando juego.

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