Juan Mara Aburto y Unai Rementeria celebrando su triunfo en las elecciones municipales y forales de 2019. / EP

Juan Mara Aburto y Unai Rementeria celebrando su triunfo en las elecciones municipales y forales de 2019. / EP

Economía

Las discrepancias entre Aburto y Rementeria, el choque de trenes que bloquea el TAV

Las tensas relaciones entre el alcalde de Bilbao y el diputado general dificultan el acuerdo para financiar el soterramiento de la estación

26 junio, 2021 05:00

Bilbao-Bizkaia se presenta como una marca común desde 2013, cuando Diputación y Ayuntamiento decidieron hacer equipo más allá de la promoción del turismo bajo la marca 'Bilbao Bizkaia, be basque'. "Lo importante de esto es que Diputación y Ayuntamiento vayamos de la mano en estos asuntos tan importantes para el territorio e ir de la mano significa estar de acuerdo, tirar para delante y saber lo que quiere Bilbao y Bizkaia, que no es poco en los tiempos que corren" decía entonces el alcalde de la capital vizcaína. 

Eran otros tiempos y otros actores. En la alcaldía se sentaba Iñaki Azkuna y José Luis Bilbao era el diputado general, ambos del PNV. Ahora el partido no ha cambiado. Los nacionalistas siguen manteniendo el poder en las dos principales instituciones de Bilbao y Bizkaia. Eso sí, en coalición con el PSE, que observa atónito como Juan María Aburto desde el Ayuntamiento y Unai Rementeria desde la Diputación, son incapaces de entenderse en una de las obras más importantes de para el futuro  de Bilbao, pero, sin duda, también para Bizkaia: la llegada del TAV a la capital vizcaína y el soterramiento de la estación.  Una obra que liberará en el 'botxo' una superficie de 128.000 metros cuadrados para su esparcimiento.

Si en la presentación de aquella marca Bilbao Bizkaia, Azkuna y Bilbao hacían hincapié en trabajar en la misma dirección, Aburto y Rementeria parece que hace tiempo que miran cada uno hacia un lado, enfrentando a las instituciones que dirigen. 

En estos momentos la Diputación de Bizkaia se mantiene al margen de la financiación del soterramiento. Rementeria considera que la estación del TAV no es una obra que atañe a la institución foral, pese a que será la puerta de entrada de millares de ciudadanos a Bizkaia. 

Así las cosas, el convenio para la financiación, que sigue pendiente de suscribir a la espera de que se solventen las diferencias, puede llevar sólo la firma del Gobierno central, que asumen la mitad del coste, y de Gobierno vasco y Ayuntamiento, que tendrán que  repartirse el resto. No está claro todavía lo que va a costar, pero hay estimaciones del ministerio que lo sitúan por encima de los 700 millones de euros. El consejero de Transportes Iñaki Arriola instaba este viernes en el Parlamento a que las instituciones implicadas pongan por escrito cuál será su contriución en un claro emplazamiento a Rementeria a que se retrate.

Aunque Rementeria y Aburto se esfuerzan por vestir de naturalidad sus 'discrepancias'  y restarlas importancia asegurando que entre ellos 'todo está bien', lo cierto es que las diferencias sobre el TAV no es más que un botón de muestra de lo que algunas fuentes califican de "carrera" entre ambos mandatarios por apadrinar grandes proyectos de forma individual, justo cuando se encuentran en el ecuador de su legislatura.

No hay más que mirar a Vitoria para encontrar la prueba. En el caso de la financiación del soterramiento de la estación  por la que el TAV entrará a Vitoria  existe ya un acuerdo ya suscrito por el que el Ministerio de Fomento se hará cargo de la mitad del coste del soterramiento, el Gobierno vasco otro 25%, el Ayuntamiento un 15% y la Diputación un 10%, sin que haya supuesto ninguna discrepancia entre consistorio e institución foral. Mismos partidos, distintos actores, diferentes resultados.

Distanciamiento evidente

Y es que las discrepancias del TAV no son las únicas ni se corresponden con un proyecto puntual. El distanciamiento entre ambos mandatarios quedó públicamente en evidencia a principios de este año cuando la Diputación decidió que el Nagusi Intelligence Center, el centro dedicado a la investigación biomédica y la innovación en materia de envejecimiento que promueve la institución foral arranque  en la Torre Urduliz -propiedad de la Diputación-, cuando su ubicación inicial era el edificio Tarabusi en la isla bilbaina de  Zorrozaurre. Esta decisión causó un gran malestar en el alcalde, ya que era un proyecto que presentaron en su día de forma conjunta por ubicarse en Bilbao. 

Aunque después Rementeria quiso calmar los ánimos y aseguró que se trata de una medida provisional para poder arrancar el proyecto, el daño ya estaba hecho al poner sobre la mesa las dudas sobre el cumplimiento de los plazos para la puesta en marcha de otro de los grandes proyectos para Bilbao y para el alcalde Aburto, la urbanización de Zorrozaure y su conversión en un centro de modernidad y de innovación. Algo que en aquel momento se aprovechó por los partidos de la oposición para cuestionar el proyecto. 

Lo cierto es que la rehabilitación del edificio de Tarabusi donde se pensaba ubicar el Nagusi Intelligence Center está pendiente de licitación, para lo que se esperaba un proyecto de la diputación que no acabó de llegar, pese a que se presentó de forma conjunta en 2019, ya que el consistorio ponía la sede para la ubicación. Tampoco había nada firmado entre ambas instituciones que hubiera que romper. Otro golpe en la línea de flotación del alcalde  y desde su propio partido.

Las críticas de Aburto al plan B del consejero de Transportes, el socialista Iñaki Arriola, para poder hacer estaciones provisionales hasta que estén culminados los soterramientos ha puesto de nuevo de manifiesto las discrepancias entre Aburto y Rementeria. El teniente alcalde de Bilbao, el socialista Alfonso Gil, molesto por las críticas de Aburto a Arriola, instó al alcalde a exigir a la diputación con la que comparte partido, que explique por qué no financia esta obra. Pero la diputación  guarda silencio sobre el tema. Rementeria y Aburto hablan poco. Al menos del TAV