Local de hostelera en Vitoria. / EFE

Local de hostelera en Vitoria. / EFE

Economía

2021: el año más difícil para la hostelería

Han sido 365 días de continuos cierres y aperturas de locales para un sector que siempre se ha sentido señalado y estigmatizado que ha llegado incluso a pedir la dimisión del lehendakari

1 enero, 2022 05:00

Si 2020 fue un año duro y de incertidumbre, el 2021 lo ha sido todavía más. Especialmente para uno de los principales sectores de la economía que ha estado constantemente señalado ante los frecuentes repuntes de contagios: la hostelería. Los bares y restaurantes, han vivido este año como les obligaban a bajar la persiana en diversas ocasiones o limitar sus aforos u horarios. Sin hablar del ocio nocturno, que ha estado completamente cerrado la mayor parte de este año. 

El 2021 arrancaba con un dato desolador: en 2020, un tercio de los locales de hostelería echaron el cierre. El sector cerraba el año con una caída de su facturación del 50%, lo que equivale a unos 67.000 millones de euros menos, y la destrucción de una cuarta parte del empleo (unos 400.000 puestos de trabajo en todo el país. Al arranque del año, 11 localidades vascas lo hicieron con sus bares cerrados siguiendo las medidas vigentes en aquel momento que obligaban a cerrar a aquellos lugares con una tasa de incidencia igual o superior a los 500 casos por 100.000 habitantes en 14 días.

Los hosteleros ganan al Gobierno vasco

Fue entonces cuando la patronal de Hostelería decidía denunciar al Gobierno vasco por el cierre de los locales. Las tres Asociaciones de Hostelería de Euskadi presentaban ante el Tribunal Superior de Justicia del País Vasco (TSJPV) un recurso contencioso-administrativo contra la decisión anteriormente explicada de cerrar en base a la incidencia. Por aquellas fechas, finales de enero, el movimiento 'SOS Ostalaritza' alertaba de que un tercio de los bares de Euskadi echarían el cierre en el primer trimestre de 2021. 

En el momento en el que presentaron ese recursos, la Patronal cifraba las pérdidas en aproximadamente 240 millones de euros y aseguraban sentirse "continuamente señalados". Por ello, reclamaban poder mantener la actividad independientemente de la incidencia y del semáforo, respetando las restricciones de aquel momento de aforo al 50 % en el interior, sin clientes de pie en la barra, con la actividad de terrazas al 100 % pero con distancias entre las sillas y con mascarillas, y con el cierre a las 20:00 horas. 

Finalmente, la Justicia daba la razón a los hosteleros y decretaba la repaertura de los bares en Euskadi. El auto del Alto tribunal vasco supuso un duro varapalo judicial para el Gobierno autonómico. Por un lado, porque la resolución reconocía el "grave quebranto económico" que esta medida suponía para la hostelería vasca. Por otro, porque los jueces determinaban que no queda claro que la propagación del virus tras la Navidad se debiera a la reapertura de los establecimientos hosteleros. Aquí comenzaba a sonar el nombre del juez Luis Ángel Garrido

El presidente de la Sala de los Contencioso-Administrativo del Tribunal Superior de Justicia del País Vasco, Luis Ángel Garrido, se convertía en 'trending topic' social con esta decisión y con unas polémicas declaraciones que pronunciaba en la radio tras conocerse la sentencia. Garrido llegaba a cuestionar las medidas sanitarias propuestas por los epidemiólogos que acuña a la "Edad Media" porque "no tienen ningún valor añadido". El juez, que fue ponente en el auto que permitía la apertura de la hostelería en los municipios en rojo, definió a estos profesionales como "médicos de cabecera que han hecho un cursillo". Por si fuera poco, se hizo público hasta su estado de WhastsApp que decía "No more lockdown" (no más confinamientos). 

Baile continuo con los horarios de cierre

A mediados de marzo, el departamento de Turismo, Comercio y Consumo del Gobierno vasco anunciaba una línea de ayudas a la hostelería dotada con la parte de los 7.000 millones de euros que el Gobierno central destine a Euskadi. Esta sería la cuarta convocatoria para el sector y, como novedad, tenía en cuenta el volumen de facturación de los establecimientos para establecer la cuantía que recibirían los negocios que cumplan con las condiciones. Las otras tres anteriores ascendieron a 55 millones de euros. 

En abril llegaban nuevas restricciones: cierre perimetral en Vitoria y además cierre del interior de su hostelería, salvo en las franjas horarias entre las 6.30 y las 9.30 horas y entre las 13.00 y las 16.30. Y con ellas, un nueva reacción de los hosteleros que presentaban otro recurso contra las medidas del Gobierno vasco y lo hacían recurriendo al mismo despacho de abogados. Sin embargo, poco después el LABI decidía abrir un poco el puño con este sector y ampliaba el horario hasta las 10 de la noche. Además, permitía desplazarse a bares, restaurantes y comercios de cualquier municipio de la comunidad. Lo que sí mantenía eras los aforos y límite de reunión dentro de los locales, así como la prohibición de consumir en barra o de pie. 

A finales de mayo el horario ya era hasta la 12 de la noche y a mediados de junio Euskadi permitía la actividad en estos locales hasta las dos de la madrugada y daba vía libre a la apertura de txokos y sociedades gastronómicas. Las reuniones en restaurantes y bares, hasta seis personas, aunque se mantenía prohibido el consumo en barra.

Pero esta sensación de vuelta a la "normalidad" duraba poco y el foco volvía a ponerse sobre la hostelería en julio, en plena temporada alta donde poder recuperarse. Urkullu endurecía las medidas por el repunte de contagios y adelantaba el cierre de los locales una hora, a la una de la mañana y reducía el aforo al 35%. Los hosteleros se mostraban entones indignados con aquellas medidas que veían "absurdas" y pedían responsabilidades y dimisiones por el "importante castigo económico" que estaban sufriendo.

Bocanada de oxígeno en verano y apertura de las discotecas

Parecía que no llegaba. Pero así fue. Algunos hosteleros vascos levantaron el ánimo después de un verano en el que el sector empezaba a remontar. La llegada del turismo a las zonas más céntricas de las principales ciudades de Euskadi era la primera causa para que muchos locales volvieran a levantar la persiana facturando a niveles que se habían olvidado. El deseo de volver a viajar servía de motor no solo para impulsar la demanda de la hostelería, sino también para incrementar el gasto en las mismas. El propio Consejero vasco de Turismo, Comercio y Consumo, Javier Hurtado, anunciaba que los datos de turismo registrados en Euskadi este verano estaban siendo buenos y se encontraban cerca de las cifras pre-covid. 

Y con septiembre llegaban buenas noticias para las discotecas. Euskadi abría el ocio nocturno después de más de un año de parón forzado. La apertura del pubs y discotecas, que esperaban más de 1.000 establecimientos, no suponía sin embargo una vuelta la normalidad total, porque se mantenían limitaciones para su actividad con un aforo limitado al 50% y uso obligatorio de la mascarilla. Sí volvía la pista de baile -con mascarilla- , aunque el consumo debía hacerse en mesa, y el horario hasta las tres de la mañana. Además, también ampliaba el aforo al 75% en los bares y permitía ocho personas por mesa en interior y 12 en exterior. 

Fin de la emergencia sanitaria y vuelta al 'poteo' y llegada del pasaporte covid

En octubre el País Vasco recuperaba su tan anhelado 'poteo' pero con mascarilla. Llegaba el final de la emergencia sanitaria y se eliminaban el grupo de las restricciones activas hasta aquel momento. La hostelería quedaba exenta de las limitaciones de aforo y podría por fin abrir al 100% y recuperar el consumo en barra. De igual manera, se eliminaban los limites para las reuniones de personas. En cuanto a los horarios, el tope de las 3 de mañana desaparecía para el ocio nocturno. Era el final de la emergencia sanitaria en Euskadi. 

Y entonces llegaba el famoso 'pasaporte covid' porque la tregua de contagios tan solo duraba un suspiro y la situación volvía a complicarse. En noviembre, el Gobierno vasco anunciaba la reactivación de restricciones para las zonas que se encuentren en rojo con mayor incidencia y consultaba al TSJPV la posibilidad de exigir este certificado en en locales de ocio nocturno, eventos como conciertos y restaurantes, en aforos de más de 50 comensales. La justicia daba luz verde a su petición y la hostelería volvía a sentirse de nuevo estigmatizada y pedía al Ejecutivo que lo extendiera a otros sectores.  Y finalmente así era y el pasaporte se extendía a eventos culturales, gimnasios y residencias. 

Ómicron se convierte en una pesadilla que trunca la Navidad

Ya en diciembre llegaba una nueva variante de la covid, Ómicron, y se extendía a una velocidad que disparaba los contagios hasta cifras nunca vistas en toda la pandemia. Anotando día tras día nuevos récord de positivos desde marzo de 2020. Esto impactaba en toda las actividades sociales pero una vez más, sobre todo en la hostelería, la restauración y el ocio nocturno y comenzaba la ola de cancelaciones. Incluso en las empresas, que optaba por cancelar actos y las tradicionales cenas navideñas de compañeros de trabajo para evitar contagios. Otra Navidad más sin cenas de empresa. 

Esto forzaba al Gobierno vasco a tener que recuperar viejas medidas ante el descontrol de la pandemia y la cercanía de las festividades. La Nochebuena y la Navidad se salvan, sin novedad. Pero, a escasos días de la Nochevieja Euskadi decide ponerle coto limitando el horario de los bares y restaurantes a la una de la mañana y reduciendo el aforo al 60%. Y lo que más inquietaba al ocio nocturno, los cotillones se suspendían. Todo esto a escasas horas, con el personal contratado, las entradas vendidas y todas las cámaras llenas a rebosar. 

Los hosteleros, ya hartos de tanto de tanto señalamiento, llegan incluso a pedir la dimisión del lehendakari Urkullu que accede a que el Gobierno vasco se reuniera con ellos para aplacar su reacción ante las restricciones y buscar nuevos apoyos ante la situación "dramática" de este sector. Aunque dichas conversaciones resultan buenas, los hosteleros decidían volver a la vía judicial y recurrir las nuevas medidas ante el "golpe" que suponen para el ellos. Sin embargo, esta 'batalla' no conseguían ganarla y la justicia daba la razón al Gobierno vasco. Euskadi vuelve a estar un año más sin cotillones y con la hostelería echando la persiana a la una de la mañana durante todo el mes de enero.