Una mujer pasa por delante de una tienda que anuncia un cartel del Black Friday / EP

Una mujer pasa por delante de una tienda que anuncia un cartel del Black Friday / EP

Economía

No hay 'excepción vasca' en el Black Friday: en Euskadi también arrasan los productos 'low cost'

La 'moda rápida', que destaca por ser barata y de baja calidad, arrastra a la industria textil a ser la segunda industria más contaminante del mundo

23 noviembre, 2022 05:00

Cuando llega noviembre el consumismo se dispara en nuestras calles. Este año el ‘Black Friday’ dará paso a una campaña navideña marcada por una situación económica complicada con la inflación como protagonista. Pese a la incertidumbre que marca la agenda económica, la mayoría de las tiendas –físicas y online– acaban sumándose a una semana donde el consumo es protagonista en Euskadi. El año pasado los vascos gastaron de media 250 euros en el 'Black Friday'.

Los precios rebajados siempre son muy llamativos, y más aún en una situación como la actual. Los consumidores tienen una infinidad de productos rebajados, siendo los productos textiles y electrónicos los más consumidos en esta campaña.

Según apunta la ONU, la industria textil es la segunda más contaminante del mundo, tan solo por detrás de la petrolera. Dentro de esta industria, la denominada ‘fast fashion’ o moda rápida se ha convertido en un problema de enormes magnitudes y de ámbito global. 

'Low cost' y contaminación

La fabricación de estos materiales contamina y consume numerosas materias primas, tales como energía, agua y suelo. La popular ‘fast fashion’, que destaca por ser barata y de baja calidad, hace crecer sin parar el impacto ambiental de la industria textil, al generar una infinidad de residuos que se incineran o van al vertedero, porque apenas se reciclan.

El delegado de la OCU en Euskadi, Kepa Loizaga, defiende que pese a que los precios sean bajos, “tenemos que ser conscientes de que esta industria es muy contaminante. Los textiles 'low cost' no respetan el medio ambiente”.

Es evidente que la ropa es un elemento indispensable para los ciudadanos. Pero el consumismo compulsivo que despierta el ‘Black Friday’ hace que la gente adquiera bienes que no necesita. En ese sentido, Loizaga lamenta que mucha de la ropa barata que se adquiere en este tipo de campañas acaba en la basura antes de que se rompa: “La moda de usar y tirar porque nos hemos cansado de la ropa y porque es barata genera un gravísimo impacto medioambiental”.

En el consumismo los vascos no nos diferenciamos del resto. Prueba de ello es que la campaña de Navidad y el 'Black Friday' generaron el año pasado más de 40.000 contratos en Euskadi. Loizaga defiende que los jóvenes ya han normalizado la costumbre de comprar en internet. Por el contrario, la gente más mayor aún se muestra algo reacia a estos hábitos, aunque también se suman al carro del consumismo en los puntos de venta físicos.

Según la OCU, cada ciudadano adquiere de media al año 6 kilos de ropa y 2 de calzado. Además, el 21% de lo que se compra nunca llega a utilizarse, y mucho de lo que se usa es desechado antes de llegar a un año de vida. “Hablamos de productos muy baratos que nos invitan al consumismo, pero debemos ser conscientes de que esta moda hay que cambiarla por una que priorice materiales más sostenibles y con mayor calidad”, sentencia Loizaga.

En un análisis realizado por la OCU, se muestra que de los materiales que se usan para la fabricación de textiles, el cuero es el material más dañino para el planeta. Las ropas de cuero tendrían que tener una vida de 28 años para que resultara sostenible su fabricación. La seda y la lana, por su parte, deberían usarse durante 18 y 14 años, respectivamente, para que su compra resultara sostenible.

Cambiar los hábitos 

La ONU destaca que hoy en día consumimos un 60% más de ropa que hace diez años, lo que se traduce en que tenemos 5 veces más ropa de la que tenían nuestros abuelos.

Debido al impacto de estos productos, Loizaga apuesta por que la ciudadanía “escoja mejor” y que apueste por los productos locales y los de segunda mano. También defiende que los comercios de proximidad ofrecen un trato más cercano, donde el cliente puede probarse la ropa, o pedir que le hagan arreglos: “No tenemos memoria, el comercio local fue el que nos echó una mano en la pandemia. No lo ponemos en valor, y deberíamos hacerlo”.

Del mismo modo, el delegado de la OCU en Euskadi apuesta por intentar “alargar” la vida de las prendas: “Cuándo se rompe podemos arreglarlo, o adquirir ropa hecha con materiales reciclados”.  

Es evidente que los fabricantes, las autoridades y los consumidores son los pilares de la industria textil. Desde la OCU califican como imprescindible que desde estos ámbitos se tomen medidas para salvar el planeta.