Cubierta del aeropuerto de Doha

Cubierta del aeropuerto de Doha

Empresas

La icónica mejora del segundo mejor aeropuerto del mundo es vasca

La empresa guipuzcoana Lanik pone su sello en Doha, mientras continúa diseñando einstalando envolventes en los cinco continentes sin perder de vista el impacto ambiental

19 junio, 2023 05:00

Catar es esa nación de la que tantas páginas se escribieron el año pasado a cuenta del
Mundial de Fútbol. Pero al menos en esta ocasión, el relato no girará sobre un estadio
construido a costa de trabajadores explotados y contratistas sin escrúpulos. En lugar de eso se viene una historia curiosa con sello vasco y bastante más fondo de lo que podría sugerir el titular. La cubierta más icónica del aeropuerto de la capital, Doha, el segundo mejor del mundo según los entendidos en la materia, es made in Euskadi. Hablamos de una estructura monocapa de 14.000 metros cuadrados de acero y vidrio diseñada y construida por Lanik, empresa guipuzcoana especializada en envolventes.

La autoría de una infraestructura así, de lujo y en uno de los lugares más ricos del planeta, sorprende porque de primeras Lanik suena a compañía familiar: 65 empleados, sede en Donostia y planta de producción en Asteasu. “Y lo es, o así la seguimos considerando: una empresa cercana a los trabajadores que se rige por la transparencia y la justicia”, asegura Eva Arrieta, directora comercial. Lo que sobre todo ha ido cambiando desde que cuatro ingenieros y técnicos la fundaron en 1977 es la envergadura de los proyectos, desde el diseño hasta la construcción y el montaje. Al principio eran obras pequeñas y locales de acero convencional. Con el tiempo se fue pasando a actuaciones más enrevesadas, nuevos materiales y espacios geográficos. Al final, han acabado sumando delegaciones detectoras de oportunidades en los cinco continentes y referencias en 40 países. Uno de los últimos, Catar.

Hace ahora un lustro, gracias a esos ojos que tiene por todas partes, Lanik supo lo que se cocía en Doha: el proyecto de ampliación del Aeropuerto Internacional Hamad, que es el nombre del mega aeródromo de esta metrópoli. La actuación incluía como elemento más singular una cubierta “monocapa de complejidad y tamaño relevantes”. Ese tipo de desafío arquitectónico donde cuenta tanto lo que no se ve, la técnica, como lo que sí, la estética. Un caramelo. “Enseguida contactamos con el equipo de ingeniería que lo estaba desarrollando. Tras año y medio de trabajo con todos los agentes involucrados, la Joint Venture responsable de la ampliación decidió contratar a Lanik para realizar la monocapa”, recuerda Arrieta.

Desde la firma con la constructora hasta rematar la cubierta pasaron apenas dos años, “un plazo bastante reducido teniendo en cuenta la complejidad del proyecto” y que de por medio se cruzó la pandemia sanitaria. Pero era lo que tocaba: debía estar terminada antes del comienzo del Mundial de Fútbol. “¡El propio emir vino a visitar la obra en varias ocasiones durante su ejecución!”, apunta la directora comercial. El resultado, finalmente, cumplió las expectativas. Una envolvente epatante apoyada en tres elementos con forma de embudo, dentro de un aeropuerto con doce millones de pasajeros al año que incluye hasta piscina.

Visión exterior del Aeropuerto Internacional Hamad en 2015 / Picture alliance - dpa - Europa Press

Visión exterior del Aeropuerto Internacional Hamad en 2015 / Picture alliance - dpa - Europa Press

"Trabajar en entornos complicados es un reto"

Catar tiene su propia idiosincrasia, pero al valorar la experiencia Lanik considera que “ha sido un país relativamente fácil”. Esta empresa guipuzcoana está acostumbrada a arrimar hombro con empresas internacionales, especialmente en el sector de la construcción. "Nuestro trabajo es muy heterogéneo porque, además de que cada proyecto es en sí diferente, trabajamos con naciones y culturas muy diversas, lo que nos obliga a adaptarnos en cada caso". Nuestra gran capacidad de gestión en entornos “complicados” hace que esto no sea una barrera sino un reto", matiza Arrieta.

Para muestra, otro botón. Descomunal de nuevo. Ahora mismo los guipuzcoanos están inmersos junto a la multinacional Foster and Partners en un proyecto relacionado con el nuevo Aeropuerto del Mar Rojo en Umluj, Arabia Saudí, de más de 24.000 metros cuadrados. El inventario de proyectos que Lanik recoge en su web evidencia un más que consolidado carácter internacional, aunque en este casi medio siglo de actividad también se ha involucrado en grandes actuaciones a nivel local y nacional. Recientemente fabricó las cubiertas y fachadas del mayor hangar de España, en Teruel. Además, sin salir de Euskadi, se puede encontrar su sello en infraestructuras como el Buesa Arena o Tabakalera.

Vigilando el impacto ambiental

Mucho trabajo con el que toca no perder de vista las consecuencias sobre el planeta. “El sector de la construcción es uno de los sectores con mayor impacto ambiental. Ahora bien, nosotros trabajamos en el nicho de envolventes y estructuras ligeras, lo que significa que nuestro impacto es sensiblemente menor al de nuestros competidores con soluciones convencionales. Empleamos mucho menos acero y gran parte de los materiales que usamos provienen de materias primas recicladas”, explica la directora comercial.

Lanik se empeña en cumplir “escrupulosamente” la legislación medioambiental, pero también ha puesto en marcha medidas para que su actividad pase la menos factura posible. Arrieta pone como ejemplo el uso de “una aplicación para conseguir el máximo aprovechamiento del tubo y reducir la chatarra generada”. Además, “se fomenta la cultura del menos es más, cero papel, reciclado de residuo, teletrabajo en casos de desplazamientos relevantes…”. Y a eso se suma el certificado EDP (Declaración Ambiental de Producto), con el que puede medir el impacto de cada actuación, compararse con otras empresas del sector y seguir mejorando. Catar, en esta historia, eligió bien.