Una niña ante un aparador de chuches y golosinas

Una niña ante un aparador de chuches y golosinas EUROPA PRESS

En colaboración con

Global Content

Sedentarismo, pantallas y mala planificación alimentaria: así se gesta la obesidad infantil

Dos expertas de Quirónsalud alertan del impacto de este trastorno en la salud física y emocional de niños y niñas y recomiendan cambiar hábitos diarios en familia como mejor medida de prevención

Publicada

Noticias relacionadas

La obesidad infantil se ha convertido en uno de los principales retos de salud. Cada vez más niños y niñas presentan exceso de peso a edades tempranas, una situación que no solo afecta a su bienestar físico inmediato, sino que también condiciona su desarrollo emocional, social y su salud futura. Lo que durante años se percibió como un problema puntual hoy es una realidad extendida y persistente.

Detrás de este fenómeno confluyen múltiples factores: cambios en los hábitos alimentarios, el aumento del sedentarismo, el uso excesivo de pantallas y entornos que dificultan una vida activa y saludable. Abordar la obesidad infantil requiere un enfoque que implique a familias, escuelas, profesionales sanitarios e incluso a las instituciones, con el objetivo de proteger la salud de la infancia y sentar las bases de una vida adulta más sana.

Un problema serio

La obesidad infantil es un trastorno que cada vez aparece antes y con consecuencias más serias. Hoy no se trata solo de “unos kilos de más”, sino de un problema que puede afectar al bienestar físico y emocional desde edades muy tempranas. Marina Portal, endocrinóloga pediátrica del Hospital Quirónsalud Bizkaia, recuerda que en España una parte importante de los niños en edad escolar ya presenta sobrepeso u obesidad, un fenómeno muy ligado al estilo de vida actual.

Marina Portal, endocrinóloga pediátrica del Hospital Quirónsalud Bizkaia

Marina Portal, endocrinóloga pediátrica del Hospital Quirónsalud Bizkaia QUIRÓNSALUD

Por su parte, Oihane Fuertes, nutricionista del Hospital Quirónsalud Vitoria,, observa que los fallos no siempre están en la comida principal. Muchas familias cocinan razonablemente bien a la hora de comer o cenar, pero descuidan desayunos, almuerzos y meriendas. Es ahí donde aparecen con frecuencia productos poco recomendables como galletas, bollería, embutidos de baja calidad o zumos industriales que, casi sin darnos cuenta, suman calorías vacías.

Oihane Fuertes, nutricionista del Hospital Quirónsalud Vitoria

Oihane Fuertes, nutricionista del Hospital Quirónsalud Vitoria QUIRÓNSALUD

Hábitos diarios que marcan la diferencia

Marina Portal asegura que el problema no tiene una sola causa. Influyen la alimentación, pero también el sedentarismo, el abuso de pantallas y la falta de horarios estables. “Pasar muchas horas sentados reduce el gasto de energía y favorece un aumento de peso que, mantenido en el tiempo, puede derivar en problemas de salud cada vez más precoces. Hoy ya se ven en niños alteraciones que antes solo aparecían en adultos, como dificultades para manejar la glucosa y los lípidos en sangre”, señala la endocrinóloga.

En la misma línea, Oihane Fuertes subraya la importancia de que los niños se muevan a diario. No hace falta pensar en deporte de alto nivel: caminar, jugar al aire libre o practicar una actividad que les guste es suficiente para crear un hábito duradero. “Cuando el movimiento forma parte de la rutina, resulta mucho más fácil mantener un peso saludable y mejorar el estado de ánimo”, recalca.

Cuando se habla de obesidad infantil, Marina Portal aclara que no se trata solo de mirar la báscula. “Los profesionales valoran la evolución del crecimiento y otros signos que ayudan a diferenciar un cambio puntual de peso de un problema real. Detectarlo a tiempo permite actuar antes de que aparezcan complicaciones y evita que el niño arrastre esa situación hasta la edad adulta, con mayor riesgo de diabetes, problemas del corazón o una menor calidad de vida”, recomienda.

Comer en familia, sin dietas estrictas

Una de las dudas más habituales de los padres es si hay que poner a dieta a un niño. Oihane Fuertes lo tiene claro: no se recomiendan planes restrictivos ni menús diferentes para él. Lo más eficaz es que toda la familia adopte una alimentación variada, con presencia habitual de verduras, legumbres, arroz, patata o pasta, y cenas sencillas que combinen vegetales con proteínas como pescado, carne, huevo o alternativas vegetales.

Para facilitarlo, la nutricionista propone organizarse mejor en casa. “Cocinar con antelación uno o dos días a la semana y dejar preparados varios platos permite ahorrar tiempo y evitar improvisaciones poco saludables. Así, elegir bien no supone un esfuerzo extra y se reduce la tentación de recurrir a opciones rápidas y menos equilibradas”, explica.

Desde el punto de vista médico, Marina Portal destaca que el abordaje actual es cada vez más personalizado. La base sigue siendo mejorar los hábitos y contar con el apoyo de la familia. “En algunos casos concretos y siempre bajo control especializado, existen tratamientos médicos que pueden ayudar, pero nunca sustituyen a los cambios en el día a día”, afirma.

Prevenir hoy para cuidar el mañana

Ambas especialistas coinciden en que la prevención empieza en la infancia. Ofrecer desde pequeños desayunos sencillos y meriendas como un yogur natural con fruta ayuda a que esos gestos se normalicen y se mantengan en el tiempo. También cuidar detalles como el aliño de las ensaladas o la elección de alimentos frescos favorece una buena microbiota y digestiones más ligeras.

Por último, Marina Portal lanza un mensaje tranquilizador a las familias: “la obesidad no es culpa de nadie”. Lo importante es actuar sin dramatizar, evitar comentarios negativos y centrarse en la salud, no en la apariencia. “Crear un entorno familiar activo, con buena alimentación y apoyo emocional, protege al niño y refuerza su autoestima, alejándolo del estigma y ayudándole a crecer más sano y seguro”, recomienda.