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Multitudinaria protesta en Barakaldo para denunciar el asesinato de una mujer de 84 años

Multitudinaria protesta en Barakaldo para denunciar el asesinato de una mujer de 84 años EFE

Opinión

La estrategia de naturalizar la violencia

Publicada

En el último mes, dos mujeres veinteañeras han sido asesinadas por sus parejas. Una tercera, en ese rango de edad, fue apuñalada en el cuello. Ellas, 21, 28 y 25 años. Ellos 30, 21 y 26. En los tres casos había una relación sentimental y dos de ellas habían denunciado a sus asesinos. Sin embargo, el sistema no consideró alto el riesgo y no se pusieron a su alcance las medidas de protección que podían haberles salvado la vida.

No es habitual que las mujeres más jóvenes se acerquen a una comisaría y hablen de su miedo a ser asesinadas. Ellas prefieren utilizar cauces que consideran más cercanos y amigables para contar lo que les pasa. Consideran que lo suyo no es como lo de esas mujeres mayores que llevan toda la vida soportando a su agresor. Ellas creen que salen de esa relación cuando quieran. Y no. La suya es una relación tan tóxica como la de otras mujeres que han acabado, después de muchos años, muertas.

Sorprende la edad tanto de las agredidas como de los agresores. Sobre todo porque llevamos muchos años de trabajo en igualdad y de educación contra el machismo que, desgraciadamente, parece no han calado lo suficiente. Algo hacemos mal para que hoy sigamos hablando de asesinatos machistas en un país avanzado y moderno en el que las mujeres, adultas y jóvenes, sigan en el disparadero.

La violencia se tolera, se naturaliza y todo el trabajo hecho desde las instituciones públicas y educativas se viene abajo

Saber que más del 20% de los chicos entre 15 y 19 años creen que la violencia de género es un “invento ideológico” y niegan su existencia debería hacernos reflexionar sobre porqué hemos llegado a una normalización de la violencia. Se tolera, se naturaliza y todo el trabajo hecho desde las instituciones públicas y educativas se viene abajo.

La violencia sigue aumentando en unos niveles alarmantes, pero parece que acabar con ella ha dejado de ser una prioridad. Al menos eso se desprende del último informe de ONU Mujeres, que sostiene que cientos de organizaciones feministas se encuentran en estado crítico por los recortes en la financiación y la ayuda en la lucha contra la violencia hacia las mujeres. En riesgo y sin dinero suficiente. El panorama es todo menos halagüeño.

Una de cada tres organizaciones ha tenido que suspender sus programas y el 78% ha tenido que reducir los servicios esenciales para las supervivientes. Más del 40% ha cerrado refugios para víctimas, suspendida la asistencia jurídica o el apoyo psicosocial. Mientras esto sucede, las reacciones contra las políticas de igualdad crecen auspiciadas por una extrema derecha que también lo hace. Así, los logros alcanzados en las últimas décadas corren el riesgo de venirse abajo.

Sin dinero, sin medios para desarrollar programas y proyectos de apoyo a las víctimas, no podremos poner fin al acoso, las agresiones y los asesinatos

Las organizaciones de ayuda a las mujeres víctimas de la violencia machista han tenido históricamente una financiación mínima, aunque siga siendo una de las violaciones de derechos humanos más extendidas. Sin dinero, sin medios para desarrollar programas y proyectos de apoyo a las víctimas, no podremos poner fin al acoso, las agresiones y los asesinatos.

La maquinaria negacionista de la violencia de género está siendo tan potente que parece haber logrado su naturalización. En el camino quedan mujeres cada vez más jóvenes que no han alcanzado a ver que lo suyo tampoco era normal. Y las que sí lo han sabido no han encontrado en el sistema la ayuda necesaria para salir de una relación asesina.

Dos de jóvenes asesinadas este mes intentaron ser protegidas, pero, como en tantas otras ocasiones, algo falló. La protección necesaria no llegó. Hoy son dos nuevas víctimas a añadir a la lista macabra de mujeres asesinadas por sus parejas.

Poner sobre la mesa palabras como agresores, machistas, asesinos o patriarcado te lleva a sufrir una violencia digital que hemos padecido el 73% de las periodistas

Cada vez que una de nosotras escribe o habla sobre la violencia machista, se expone a ser señalada públicamente, bien con amenazas directas o con comentarios y menciones generalmente anónimas. Poner sobre la mesa palabras como agresores, machistas, asesinos o patriarcado te lleva a sufrir una violencia digital que hemos padecido el 73% de las periodistas.

Si escribes sobre género, sobre violencia machista, sabes que a través de las redes sociales vas a recibir mensajes tachándote de feminazi, de manipuladora, de obsesionada con algo que también les pasa a ellos y, cómo no, de histérica. También ejercer el periodismo con conciencia de género y trabajando la igualdad y el fin de la violencia tiene un precio para nosotras.

Algunos han hecho del odio al feminismo y las feministas su propia bandera. Para nosotras ellos son una red flag, aunque vayan ganando terreno sin parar. Ahí está Milei y su nuevo triunfo, Trump y su deseo de volver a presidir su país en 2028 o Abascal y sus buenos datos en intención de voto, especialmente entre los jóvenes.

Mientras esto sucede, más mujeres y cada vez más jóvenes, siguen siendo asesinadas por una violencia, la machista, que algunos se empeñan en borrar de nuestro imaginario, convirtiéndola en una fantasía feminista. No podemos bajar la guardia.