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Maduro es detenido a 5 de enero de 2026

Maduro es detenido a 5 de enero de 2026 Kyle Mazza Europa Press

Opinión

América para los americanos

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Todo sucede antes en Venezuela. Las últimas Navidades llegaron el 1 de octubre y los reyes se adelantaron para la población al 3 de enero, fecha en la que Trump hizo efectiva su amenaza de derrocar al régimen de Nicolás Maduro. Como en otras ocasiones, el proclamado presidente venezolano, a pesar de haber perdido las elecciones en los comicios anteriores, había decretado el inicio de la Navidad antes de tiempo. Suponía que con ese adelanto, la población empobrecida de su país, la que pedía libertad sin conseguirlo, la que soñaba con emigrar a otros países, la que envejecía sin relevo o la que vivía en permanente emergencia alimentaria, sería más feliz y cantaría las bondades del régimen.

Sin embargo, las voces que llegan tanto desde dentro como desde fuera del país, muestran en su mayoría una alegría tras la intervención americana que se ha visto amortiguada al saber que una chavista ocupará el lugar de Maduro. Eso sí, lo hace con la advertencia trumpista de que o se adapta a su juego o correrá la misma suerte que su predecesor. Creo que sabe por dónde se mueve Delcy Rodriguez, una mujer formada en Europa, amante de Francia y el lujo, amiga de influyentes empresarios y políticamente catalogada como “lideresa del chavismo”.

Una vez más nos encontramos ante el dilema moral que supone la defensa de la libertad de un país y el intervencionismo estadounidense, es decir, entre la soberanía nacional y la justificación de una intervención en nombre de intereses propios pero enmascarada tras los valores democráticos, la seguridad o la estabilidad. Si bien es sencillo posicionarse en favor de la democracia real y del uso de la fuerza para defenderla, también es fácil entender que los países intervenidos clamen por la protección de su autodeterminación para decidir su futuro.

Irán, Panamá, Afganistán o Irak han sido claros ejemplos de cómo el dilema moral entre libertad e imperialismo se inclinaba hacia el lado de los intereses económicos

El viejo debate disfrazado de superioridad moral entre libertad e imperialismo ha quedado dilucidado en otras intervenciones americanas. Irán, Panamá, Afganistán o Irak han sido claros ejemplos de cómo ese dilema se inclinaba hacia el lado de los intereses económicos. Esos son los que verdaderamente se ocultan tras las injerencias de EEUU en otros países y no, como Trump ha resaltado constantemente, en el deseo de limpiar sus calles de drogas que llegan desde, entre otros lugares, Venezuela.

No resulta fácil desentrañar esta disyuntiva sin parecer equidistante. A 7.000 kilómetros de distancia es sencillo denunciar el intervencionismo y decir que la doctrina Monroe, que proclamaba como lema “América para los americanos” en toda la extensión del continente basándose en que EEUU es la América única y real, sirve únicamente para llevar a su máximo esplendor al movimiento MAGA, Make America Great Again.

Que tantísimas personas huyan de su lugar de origen pidiendo protección internacional y asistencia humanitaria dice mucho de las condiciones en las que está el país de origen

Sin embargo, cuando cerramos el foco y escuchamos a los ocho millones de personas de Venezuela que están dispersas por el mundo y que han abandonado su país ante la precariedad absoluta en la que se encontraban, la cosa cambia. Que tantísimas personas huyan de su lugar de origen pidiendo protección internacional y asistencia humanitaria dice mucho de las condiciones en las que está el país de origen. De hecho, el 80% de los y las venezolanas viven en la pobreza, de las cuales el 30% lo hacen en una pobreza extrema que les lleva a tener dificultades para cubrir las necesidades básicas.

Hay una pobreza multidimensional que aleja cada día más a la población de los servicios públicos, los alimentos o las medicinas. Sin trabajo, sin educación, sin salud, sin comida, sin nada, es difícil defender un sistema dictatorial como el de Maduro.

El lío mental se complica al ver que Trump hace la cobra a María Corina Machado y Edmundo González, ganador de los últimos comicios y refugiado en España, y coloca en la presidencia a una chavista declarada. Nunca es completa la alegría en la casa del pobre, dicen.

A Trump le enriquecerá y le hará más fuerte ante China, hasta ahora principal cliente de Venezuela en lo que a venta de petróleo se refiere

Parece que tiene razón el dicho porque cuando la población se sentía liberada del yugo chavista ve que la saga continúa con el beneplácito del presunto liberador. Complejo guion para una trama que no libera a nadie, pero enriquecerá a quien llegó al poder afirmando que acabaría con las guerras en el mundo y no provocaría conflictos, es decir, Donald Trump. Le enriquecerá y le hará más fuerte ante China, hasta ahora principal cliente de Venezuela en lo que a venta de petróleo se refiere.

Ahora mismo hay varios países temblando ante la posibilidad de que la intervención sobre Venezuela sea solo el principio. Con una popularidad del 40% y unas elecciones de medio mandato en este 2026, el imprevisible presidente de EEUU quiere demostrar que toda América será para los americanos del norte, cueste lo que cueste y pese a quien pese.