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Trabajador autónomo

Trabajador autónomo Pixabay

Opinión

El valor de los autónomos

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Año nuevo, vida nueva. La frase está bien, pero para la mayoría se ajusta poco o nada a la realidad. Entre el 31 de diciembre y el 1 de enero la vida cambia más bien poco excepto para constatar que somos un pelín más mayores.

En los primeros compases del 2026 cuando ya hemos hecho todas las apuestas sobre lo que queremos cambiar,  nos vamos a detener en estas líneas en un colectivo del que se habla poco, mucho menos de lo que desde luego se merece. Me refiero a los autónomos, que somos tres millones y medio en el estado, de los cuales aquí en Euskadi nos ubicamos más de 166.000.

Autónomos, emprendedores, empresarios, da igual como nos denominen. Es lo que somos. Arriesgadas y arriesgados que en algún momento hemos decidido ponernos por nuestra cuenta contribuyendo así a generar riqueza y bienestar en nuestro entorno .

Pues bien, para nosotros, las autónomas y autónomos el nuevo año viene sin grandes novedades que podamos destacar porque lo que nos toca a los supervivientes que formamos parte de este colectivo, es volver a levantar la persiana los próximos 360 días que le quedan al estrenado año, y esperar que nuestro esfuerzo sirva para algo, y podamos mantener el negocio en las mejores condiciones posibles. Lo que en nuestro caso, sigue siendo: vida vieja.

En concreto la denominada Generación Z, los más jóvenes se inclinan claramente por el empleo público

Hace unos días el SEPE hacia una radiografía de la situación de los autónomos y nos dejaba algunos datos de interés. Entre ellos se señala que el colectivo de autónomos contribuimos con una sexta parte del PIB, que estamos por encima de la media europea en cuanto a número, y que crecen los autónomos que además desarrollan alguno tipo de actividad por cuenta ajena.

Hay otras cuestiones que deberían preocupar y ocupar, como el hecho de que las nuevas generaciones son reacias a escoger esta fórmula de empleo, y que en concreto la denominada Generación Z, los más jóvenes se inclinan claramente por el empleo público.

Traducido: los autónomos/as menores de 25 años sólo son el 2,3%, y es prácticamente imposible que el mundo privado compita con el público, dadas las condiciones que se ofrecen en uno y otro.

Respecto a lo que pedimos también es recurrente, que se elimine el exceso de burocracia y se simplifiquen los trámites; tener acceso a la financiación y algo muy importante y que realmente echamos de menos: la protección social.

Todavía nos seguimos preguntando para qué sirven nuestras cuotas, cuotas que por cierto son inexistentes en un buen número de países

Las y los autónomos, todavía somos esas “rara avis” prácticamente inmunes antes cualquier enfermedad. La realidad es que enfermar supone dejar de trabajar y por lo tanto de facturar, y eso no nos lo podemos permitir, porque nadie nos cubre ni la ausencia, ni lo que perdemos económicamente.

Todo esto seguramente suena a viejuno pero lo cierto es que no avanzamos prácticamente en nada en derechos sociales, sobre todo si nos comparamos con los trabajadores por cuenta ajena, cuya protección sigue estando a años luz de la nuestra.

Todavía nos seguimos preguntando para qué sirven nuestras cuotas, cuotas que por cierto son inexistentes en un buen número de países. Dejaríamos de hacernos esa pregunta e incluso no cuestionaríamos pagar más, si eso nos dejará mayores coberturas en el presente y sobre todo en el futuro.

No sorprende por lo tanto, que la opción de emprender en calidad de autónomo no resulte nada atractiva para los más jóvenes que buscan estabilidad y buenas condiciones de empleo, con el riesgo mínimo.

Escasean las vocaciones para generar autoempleo y en parte se entiende, dadas las condiciones y el contexto en el que deben desarrollarse. Seguimos sin tener un marco que resulte mínimamente atractivo para hacerlo.

 Nos hace falta el apoyo administrativo que debe generarnos las condiciones óptimas para que la opción de ser autónomo/a

Por muchas bondades de las que hablemos quienes hemos dado el paso, el resto no nos acompaña y eso genera una importante sensación de abandono. Necesitamos el respaldo social, que se valore lo que hacemos. Nos hace falta sobre todo, el apoyo administrativo que debe generarnos las condiciones óptimas para que la opción de ser autónomo/a no sea la primera en descartarse.

Si los más jóvenes no se suman a esta corriente, no solo perderemos empleo, vamos a perder muchísima iniciativa, muchísimo talento innovador y evidentemente también parte de la competividad.

Inmersos ya en un nuevo año, en lo que a los autónomos se refiere la vida es vieja.