La consejera de Bienestar, Juventud y Reto Demográfico, Nerea Melgosa, en rueda de prensa tras presentar el V Plan Interinstitucional de Apoyo a las Familias, la Infancia y la Adolescencia, a 17 de febrero de 2026 Efe
Hace unas semanas supimos a través de la prensa internacional que Francia iba a enviar una carta a todos sus jóvenes para advertirles de que a partir de los 29 años las posibilidades naturales de tener un hijo o hija descienden notablemente.
Francia, como muchos países de Europa —y China—, tiene un preocupante problema de envejecimiento de su población. De hecho, ningún país europeo alcanza la tasa de reemplazo de 2,1 hijos por mujer y, ante esta realidad, las diferentes administraciones europeas han decidido empezar a aplicar medidas para corregir esta situación, algunas, como la francesa, de una manera bastante desacertada.
Euskadi, por su parte, ha presentado su V Plan Interinstitucional de Apoyo a las Familias, la Infancia y la Adolescencia para los años comprendidos entre 2026 y 2030.
La tasa de fecundidad de los galos se sitúa en 1,62 en 2024, mientras que en Euskadi esa misma tasa se sitúa en 1,17
Los números en Euskadi son incluso peores que los de Francia. La tasa de fecundidad de los galos se sitúa en 1,62 en 2024, mientras que en Euskadi esa misma tasa se sitúa en 1,17, mucho más lejos del 2,1 necesario para el reemplazo generacional.
La situación es preocupante. Si tenemos en cuenta que la edad media de la población en Euskadi es de 46,1 años —prácticamente fuera del tramo reproductivo— y que la edad media en la que se tiene el primer hijo es de 32,5 años, esa tasa de reemplazo del 2,1 se ve aún más lejana.
Ante este panorama, y la verdadera emergencia que supone para la economía, la cohesión social e incluso para la calidad democrática, han comenzado a surgir discursos populistas que alejan el análisis del problema de la realidad: culpabilizan en exceso a las mujeres o distribuyen teorías conspiranoicas sobre un supuesto reemplazo cultural que no existe.
Es importante alejar los discursos y políticas de visiones ultraconservadoras
Es importante implementar planes para reforzar el papel de las familias y apoyarlas en una de las funciones primordiales para la sociedad, que es la crianza de los hijos e hijas. Pero es igualmente importante alejar esos discursos y políticas de visiones ultraconservadoras.
La sociedad ha cambiado. Las familias ya no responden a un único modelo compuesto por padre, madre e hijos, en el que la carga de la labor reproductiva recaía en exclusiva sobre las mujeres. De hecho, las familias siempre han tenido muchos modelos; el problema es que antaño —y en cierta medida también ahora— se invisibilizaba a cualquier tipo de familia fuera de la nuclear clásica.
Los datos así lo confirman. Según el informe de Ararteko "Políticas de apoyo a las familias en Euskadi: Análisis y propuestas", desde 2015 hasta 2023 el número de familias nucleares con hijos se ha reducido en 20.000 y el de familias parentales con prole dependiente en 30.000, mientras que las familias monoparentales con prole han aumentado en más de 6.000 su presencia en la estructura social vasca.
Es una realidad innegable que debe atenderse con ayudas específicas, como el complemento de 100 euros mensuales por hijo para las familias monoparentales
El plan del Gobierno vasco tiene en cuenta estos números. Es una realidad innegable que debe atenderse con ayudas específicas, como el complemento de 100 euros mensuales por hijo para las familias monoparentales, extensible hasta los 7 años frente a los 4 años de los que disfrutan las familias nucleares.
El esfuerzo redistributivo se justifica en que las familias monoparentales —habitualmente encabezadas por una madre— disponen de una renta disponible significativamente menor que las familias biparentales con hijos y, por supuesto, que las familias sin hijos.
Pero no es oro todo lo que reluce. El plan supone un esfuerzo económico importante —en torno al 1,6% del presupuesto del Gobierno casco—, pero más allá de ofrecer un alivio económico a las familias, no plantea un cambio estructural que favorezca que más parejas tengan mayor capacidad para sostener un proyecto familiar con hijos e hijas.
Y ese es el gran reto. El Gobierno vasco puede destinar sumas importantes de dinero con el fin de ampliar la renta disponible de las unidades familiares, pero tal y como está la situación de la vivienda y el empleo, la solución no se vislumbra próxima.
Durante los años ochenta y noventa, Euskadi, fortaleció sectores como el turismo, la hostelería y otros servicios, haciendo perder peso a la industria
Durante los años ochenta y noventa, Euskadi, al igual que buena parte de Europa, optó por tercializar su economía. Fortaleció sectores como el turismo —sin resultados espectaculares—, la hostelería y otros servicios, haciendo perder peso a la industria que, con niveles de productividad más elevados, era capaz de mejorar ostensiblemente los salarios de sus trabajadores y trabajadoras.
En el sector servicios, donde termina una parte importante de los jóvenes vascos con menor formación, esos márgenes de productividad son más estrechos y, por tanto, más difícil resulta mejorar los salarios y estabilizar la situación económica necesaria para pensar en tener descendencia.
A esto se suma el elevado porcentaje de renta que nuestros jóvenes deben destinar a la vivienda. La propiedad puede ofrecer cierta estabilidad —hasta que llegan crisis como la de 2008—, pero los jóvenes vascos de una parte importante de los municipios de Euskadi están fuera del mercado de compra y el alquiler ha subido tanto que el ahorro se convierte en algo casi imposible.
El plan de familias palia la situación de algunas familias, pero no resuelve el problema estructural de la baja natalidad en Euskadi
Tenemos, por tanto, la tormenta perfecta: salarios bajos en los trabajos ocupados por los jóvenes y un precio de la vivienda desorbitado. El plan de familias palia la situación de algunas familias —concretamente las que peor lo pasan—, pero no resuelve el problema estructural de la baja natalidad en Euskadi.
El plan debe ser más ambicioso. Debe contemplar el aumento de la productividad de la economía vasca recuperando peso industrial para mejorar los salarios, y debe actuar sobre el mercado de la vivienda con urgencia. Alejemos el debate de focos ideológicos y reconozcamos que la intervención ya no es solo una cuestión de justicia, sino de supervivencia de la propia sociedad.
Los planes de futuro para mejorar la natalidad deben, como este, pensar en las familias; pero además deben impulsar las reformas estructurales suficientes para que cuidar y criar a niños y niñas sea una decisión viable, no un lujo. Y eso se construye con políticas estructurales, multinivel y sostenidas en el tiempo. Que no nos pase como a Francia.