Un grupo de personas diseña una estrategia de comunicación.
Ventajas competitivas de una buena comunicación
La comunicación, sobre todo si se entiende como estratégica, debe estar incorporada a los procesos de gestión habituales de cualquier compañía o institución, como una de las piezas clave
“Lo hemos contado mal”. “No nos han entendido”. “No sabemos vender lo que hacemos”… son algunas de las frases que se escuchan habitualmente cuando las cosas no van todo lo bien que se esperaba, o directamente van mal.
Puede que sean ciertas o no, pero en muchos casos esta también es una forma de matar al mensajero. La culpa es de la “comunicación” de la que evidentemente se encarga alguien, con más o menos herramientas para llevarla a cabo.
Afortunadamente cada vez son más las instituciones y las empresas que dan la importancia que tiene a la comunicación estratégica, pero todavía quedan muchas que no lo entienden así, y esa actitud se acaba pagando cara. La comunicación, sobre todo si se entiende como estratégica, debe estar incorporada a los procesos de gestión habituales de cualquier compañía o institución, como una de las piezas clave.
Para empezar, una comunicación óptima partirá de la importancia de trabajar con el equipo interno, porque nada que no esté bien explicado, entendido y aplicado en ese ámbito, servirá para que se entienda fuera, por mucho que nos empeñemos e incluso, por mucho que invirtamos en campañas de cualquier índole
Una buena comunicación proactiva y estructurada suele ser, aunque algunos aún no lo perciben, uno de los valores añadidos que mejor posicionan en el mercado a las empresas. Y evidentemente, la comunicación no puede ser un acto de fe en el que algunos creyentes son como el Guadiana y se acuerdan de la estrategia cuando ya es demasiado tarde.
Para empezar, una comunicación óptima partirá de la importancia de trabajar con el equipo interno, porque nada que no esté bien explicado, entendido y aplicado en ese ámbito, servirá para que se entienda fuera, por mucho que nos empeñemos e incluso, por mucho que invirtamos en campañas de cualquier índole.
El mejor prescriptor de nuestra marca siempre es nuestro propio equipo. Si de verdad, son parte del proyecto lo contarán dentro y fuera con ilusión, y con convencimiento. En caso contrario, por mucho que hagamos hacia afuera nuestra marca nunca alcanzará el lugar al que aspiramos. No sólo eso, además corremos el riesgo de abonar un mal ambiente que nos puede abocar al peor de los escenarios.
En momentos de especial incertidumbre como los que vivimos, una comunicación bien diseñada se convierte en un hecho diferencial para cualquier organización o empresa. Bien diseñada implica que no obedece a la improvisación, y que no es reactiva, sino proactiva.
Adelantarse a lo que pueda venir es una obligación de los responsables de comunicación. Trabajar opciones para los escenarios menos favorables disponiendo de un adecuado manual de crisis, es una inversión de obligado cumplimiento y además, una forma de frenar cualquier problema al que podamos enfrentarnos.
Suele decirse que el que da primero, da dos veces. En comunicación esa máxima rige prácticamente en todos los procesos, incluido el escenario en el que se opta por no comunicar.
No comunicar también implica una decisión estratégica, porque no hacerlo es una comunicación y además, especialmente significativa.
La comunicación, la buena, no se improvisa, de hecho huye de las improvisaciones. La estrategia comunicacional como cualquier otra, se trabaja con tiempo, se objetiva y se mide
La comunicación, la buena, no se improvisa, de hecho huye de las improvisaciones. La estrategia comunicacional como cualquier otra, se trabaja con tiempo, se objetiva y se mide.
Evitar el “no hemos sabido contarlo”, “nos ha fallado la comunicación” es una responsabilidad de todos, prioritariamente del responsable o responsables de comunicación, pero no solo. Hacerlo bien requiere recursos, tiempo e inversión.
La comunicación, si pretende ser buena, no se genera de un día para otro. Además y muy importante si la apuesta es seria, los procesos de comunicación, las estrategias se conciben e implementan codo a codo con la dirección. Si la cabeza visible no se involucra, difícilmente las cosas se harán de la forma correcta.
En tiempos de incertidumbre y teniendo en cuenta que lo que no se comunica no existe, una correcta gestión tanto de la información como de la comunicación, que por cierto, no son sinónimos, puede ser lo que marque la diferencia.
La comunicación estratégica y profesional es una ventaja, un valor añadido que ayuda a generar buen clima interno y externo. En tiempos convulsos esta destreza debe estar incorporada a la gestión del día a día.