Una mujer sostiene las imágenes de los dos ayatolás Jamenei en Irán.
Dos tomas de posición se adivinan en Europa ante el ataque de Estados Unidos e Israel a Irán que ha dejado enana cualquier noticia del caos global de los meses previos. Por un lado, la que está mostrando el canciller alemán de alineamiento con las decisiones tomadas por Netanyahu y Trump.
La presidenta de la Comisión Europea parece sumarse a esta posición sostenida por su partido en Alemania en unas declaraciones algo confusas y en las que dejaba a la altura del betún a la comisaria Kallas.
Por otro lado, están las posiciones más críticas, que van desde la negativa a permitir a EEUU usar sin tasa bases militares (Italia), denunciar la ilegalidad en términos de derecho internacional cometida por los agresores y preparar su propio ejército por si acaso (Francia) o enfrentarse a cara de perro a la política estadounidense (España).
Quienes consideran la mejor opción hacer la ola a quienes unilateralmente han decido iniciar esos ataques tienen un argumento principal en el objeto del ataque. En efecto, ayer decía la presidenta europea que nadie debe derramar un sola lágrima por la muerte de los ayatolás, dando a entender que la maldad intrínseca de un régimen dictatorial, despreciativo a más no poder de derechos y libertades, especialmente de las mujeres, puede justificar perfectamente que sea atacado por Estados Unidos e Israel.
No sé si hay mucho europeo llorando la muerte de Jamenei padre, pero lo que sí parece seguro es que nadie confunde a los ayatolás con hermanitas de la caridad. También es cierto que solamente los dos atacantes están en una situación militar capaz de enfrentarse a ese régimen. Son, por decir lo menos, obviedades que von der Leyen nos podía evitar.
Pero si estos argumentos tienen validez, me temo que estamos perdidos, a no ser que aceptemos una falacia sobre otra. Regímenes despreciativos con los derechos más esenciales de la población bajo su soberanía en el área en conflicto hay para aburrirse.
Si el argumento de la presidenta europea es asumible, ¿a qué espera para pedir una intervención sobre Israel? Es engañoso señalar la maldad de un régimen para justificar que sea agredido, pero ocultar el argumento cuando se trata de otro al que, por razones que no se han explicado en la UE, se le consiente prácticamente todo.
La presidenta de la Comisión no ha destacado últimamente por su gestión de crisis internacionales, especialmente las que ha desatado Trump desde su regreso al gobierno. Sus posiciones se han atenido en todo momento a contener contentando, con resultados discutibles
Los ayatolás al mando en Irán conforman un gobierno de obispos radicales que mezclan sin pudor la autoridad religiosa y política. Algo que también empezamos a ver en otros lugares, como la Casa Blanca, para pasmo de quienes, como el Papa León XIV, no dan crédito a la imagen del ayatolá de occidente sentado en su despacho oficial y rodeado de obispos rezando por él y su triunfo en la guerra que, así, ya no sabemos si es incluso santa. Y de esto en Roma saben.
La presidenta de la Comisión no ha destacado últimamente por su gestión de crisis internacionales, especialmente las que ha desatado Trump desde su regreso al gobierno. Sus posiciones se han atenido en todo momento a contener contentando, con resultados discutibles. Tanto ella como el resto de conservadores europeos creen que en esto se impone también seguir la estela de la extrema derecha. La deplorable imagen de Merz consintiendo a Trump el bullying a España sin decir esta boca es mía es una clara muestra de esta política.
Su finalidad aparente es que, satisfecho el matón, llegaremos a una nueva estabilidad. Deberían leer el libro del centrista Giuliano Da Empoli, “La hora de los depredadores” o el de la conservadora Anne Appelbaum, “Autocracia S.A”, que explican bien cómo esa política, lejos de llegar a ninguna estabilidad, alimentan el caos. El caos es el ecosistema donde gobernantes como Netanyahu o Trump viven y se reproducen.
Por ello quizá no sea tan descabellado negarse a alimentar dicho medio. Militarmente es imposible, por supuesto, pero la Unión Europea tiene un activo importante en algo tan denostado hoy día como el derecho y la institucionalidad. Esperen antes de partirse de la risa y piensen a quién se le está poniendo carita de ángel risueño.
Efectivamente, a Orban y sus cuates, como Abascal, que ven en la posición europea un paso importante hacia la liquidación de las instituciones y del derecho internacional. Si no hay que respetar ni derecho ni instituciones fuera ¿por qué sí dentro?
No se trata por tanto de elegir entre ayatolás de un lado o de otro, sino de hacerse valer como un espacio, el de la UE, donde derecho e instituciones siguen significando algo. Si Von der Leyen no lo cree así quizá debería considerar dejar el puesto que ocupa.