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El Papa León XIV a su llegada a Gran Canaria

El Papa León XIV a su llegada a Gran Canaria Elvira Urquijo A. EFE

Opinión

Nuda humanidad

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Nada. Eso es lo que al bloque de la derecha le ha gustado la visita de León XIV. Estaban deseando ya que se fuera, pero él insistió en hacerlo, ni más ni menos, que desde Canarias. Abascal intentó una salida facilona: el Papa teoriza y nosotros, con nuestro rechazo a los inmigrantes, nos ocupamos de la política práctica. La teoría ciertamente no es lo propio del partido del de Amurrio, pero no sé yo si cabe mucha teoría cuando te pronuncias sobre inmigración desde Arguineguín.

Si los días del Papa por aquí se les han hecho muy largos al PP y Vox es justamente porque no ha dejado pasar ocasión para reflexionar sobre un principio básico del cristianismo, como es el amor al prójimo. Lo ha hecho desde el punto de vista de esas personas a las que un alcalde del PP cierra el cochambroso local municipal donde se refugiaban y obliga a vivir en la calle bajo toldos en plena Navidad. A medida que iba hablando aquí y allá, el Papa dejaba un recado realmente incómodo para la derecha: la cuestión no es cómo tratar a los inmigrantes, sino cómo se les considera.

Creo que ese es justamente el punto principal y previo que debería debatirse cuando hablamos de inmigración: si estamos o no de acuerdo en que personas y seres humanos son lo mismo. El mundo contemporáneo se conformó, con sus constituciones liberales y sus declaraciones de derechos, diferenciando ambas cosas.

Creo que ese es justamente el punto principal y previo que debería debatirse cuando hablamos de inmigración: si estamos o no de acuerdo en que personas y seres humanos son lo mismo

España, sin ir más lejos, aceptó plenamente hasta 1886 que no todos los seres humanos que habitaban sus dominios eran personas. Los esclavos eran seres humanos con alma racional, pero no personas con derechos civiles. No se trataba de una sutileza jurídica, sino de, ya que estamos con el Papa de por medio, un pecado original que todavía pesa en nuestra cultura política.

En efecto, conviviendo décadas con la esclavitud, aprendimos a aceptar un hecho que iba diametralmente en contra del espíritu universalista de la Ilustración y a asimilar los derechos son solo de los nacionales. Lo que en 1789 eran derechos del hombre y del ciudadano, desde Napoleón lo son ya solamente de los franceses y esa es la norma en el constitucionalismo occidental desde entonces.

Cuando el mundo vio hasta qué extremos conducía la nacionalización de los derechos, tras la segunda Guerra Mundial comenzó a abrirse paso la idea de una universalidad de derechos. Los Estados comprometidos con el conjunto de la Carta Internacional de Derechos Humanos consideran, sin embargo, su obligación delimitada por sus fronteras y, para determinados derechos, para sus nacionales. Nuestra constitución, por ejemplo, incorpora como criterio de interpretación de los derechos la Declaración de 1948 y demás tratados, pero el derecho a la vivienda digna sigue siendo de los españoles.

Utilizan para ello una herramienta que ya dio sus frutos en el pasado que consiste en suponer que los inmigrantes pobres son nuda humanidad, gentes sin derechos más allá del trato que se les quiera o no dispensar

La propuesta de la derecha, en esto sin fisuras, es reforzar esa concepción nacional de los derechos. Utilizan para ello una herramienta que ya dio sus frutos en el pasado que consiste en suponer que los inmigrantes pobres son nuda humanidad, gentes sin derechos más allá del trato que se les quiera o no dispensar. Todo empieza por su etiquetaje como “inmigrantes ilegales”, así, sin más referencias para poder presentarlos como una masa humana carente de cualquier condición que exija un respeto a su dignidad. La cuestión para la derecha es de trato, no de derechos. No es tan diferente de lo que se hizo en el siglo XIX para poder seguir teniendo esclavos.

A partir de ese etiquetaje como seres humanos al margen de los derechos de los españoles ya puede venir lo demás. La prioridad nacional que PP y Vox van implantando en todos los gobiernos que comparten es una excrecencia de esa forma de pensar que se impone con suma facilidad. Incluso la crueldad gratuita y miserable puede imponerse a partir de ahí.

Es el caso de la decisión de Isabel Díaz Ayuso de dejar sin bono de transporte a quienes no estén empadronados en Madrid. Dice que es porque los madrileños pagan con sus impuestos ese transporte. En realidad, lo hacen con sus impuestos y con los de todos los que habitan, empadronados o no, en Madrid. La finalidad es, por supuesto, sabotear la regularización ofertada por el Gobierno y que no puedan, con ello, acceder a los derechos “de los españoles”. Haría bien el Gobierno en eximir de este requisito a quienes soliciten y se les deniegue ese instrumento probatorio de su arraigo.

No, el Papa no teorizaba sino que señalaba directamente a la derecha española por su incomprensión de lo que para los cristianos es el amor al prójimo y para quienes no lo somos es la consideración de todo ser humano como persona.

El Papa León XIV recibe al lehendakari, Imanol Pradales, en el Vaticano

El Papa León XIV recibe al lehendakari, Imanol Pradales, en el Vaticano RTVE Irekia