En Euskadi existen demasiados secretos callados.
Demasiados secretos escondidos. En Euskadi abundan los silencios, sean elegidos o impuestos, como los miedos, acerca de trozos de la historia reciente que parecen imposibles de explicar con rigor histórico. El caso de la desaparición de Pertur, de la que ya se cumple medio siglo, ahí es nada, es sólo uno de esos secretos que aún padecemos.
Cincuenta años después, no hay acuerdo sobre qué le ocurrió -o qué le hicieron, mejor dicho- a Eduardo Moreno Bergaretxe, 'Pertur', aquel día de julio de 1976. Es obvio que fue secuestrado y asesinado, eso sí, pero no está claro quién lo hizo.
Después de leer mucho al respecto durante años, soy de los que piensan que los 'bereziak' de ETA son responsables del crimen, pero tampoco puede asegurarse a ciencia cierta.
Sea como fuere ese caso, no puede olvidarse, porque suele hacerse, que en Euskadi quedan por aclarar otros casos de desapariciones y, aún más relevante, todavía falta saber la verdad de más de 300 crímenes de ETA. Es decir, un tercio de los asesinatos de la banda terrorista está sin esclarecer. Y sin culpables sólo quedan la impunidad y la mentira.
Demasiados secretos dolorosos. Demasiadas mentiras habitando entre nosotros.
En la novela 'Purgatorio', de Jon Sistiaga, gran periodista ahora de moda, por cierto, por el recomendable documental sobre Miguel Ángel Blanco recién estrenado en Netflix, aparece un personaje de ETA que, cuando se arrepiente, decide hablar a sus víctimas para alumbrar la verdad.
Eso es lo que hace falta en la Euskadi actual: voces que rompan el silencio. Ya existe algún precedente similar en la realidad, pero estamos muy lejos de conocer la verdad. Lo que hace que también estén lejos la reparación, la dignidad y la memoria de las víctimas del terrorismo.
Sólo con la verdad, basada en datos objetivos, y con una mirada amplia, que sea polifónica y que no deje a nadie atrás, como siempre decimos aquí, acerca de lo que ocurrió podremos edificar una memoria justa del terrorismo. Es difícil, en una sociedad tan tribal y tan acostumbrada a callar, pero no es imposible. Sólo necesitamos que los que sepan hablen.