Hay varias frases que se han escuchado constantemente en las semanas previas al 21-A. Por una parte, PNV y EH Bildu se han pasado buena parte de la campaña reclamando que es el momento de cumplir con lo establecido en el Estatuto de Gernika, y defendiendo la necesidad de pactar nuevas competencias con el Estado. Una postura que, sin embargo, no comparten en el PSE-EE. La formación, de nuevo, clave para conformar un Ejecutivo, y cuyo secretario general y candidato a lehendakari, Eneko Andueza, ha expresado en multitud de ocasiones que la solución no es alcanzar nuevas competencias "sino gestionar mejor" el autogobierno que ya se tiene

En los diversos debates, entrevistas y mítines había una consigna que el dirigente de los socialistas vascos no dejaba de repetir: "Euskadi controla 96 de cada 100 euros que llegan a Euskadi". Y ya superada la noche electoral -con un escrutinio que hasta el momento da 12 escaños al PSE-, Andueza volvió a valorar como una "aventura" la odisea que supone alcanzar un nuevo Estatuto de Autonomía. Incluso en un Parlamento como el que se conformará en las próximas semanas donde 54 de los 75 escaños, un 72%, pertenecen a EH Bildu y PNV. Las dos fuerzas partidarias de su reforma.

Es cierto que Euskadi tiene ante sí al Parlamento más abertzale e independentista de su historia, pero esto no implica que nacionalistas y abertzales puedan ignorar al resto de fuerzas presentes en la Cámara. Especialmente al PSE-EE, cuyos votos son fundamentales para que el PNV pueda contar con una mayoría estable; y cuya posición respecto a la soberanía de Euskadi es drásticamente diferente a la de EH Bildu.

Nuevo Estatuto en 2026

Así, al PNV le tocará hacer malabares si quiere llegar a un acuerdo. Este mismo martes, el presidente del EBB (Euzkadi Buru Batzar) del PNV, Andoni Ortuzar, ya compartió en una entrevista para Radio Euskadi su intención de alcanzar un acuerdo a tres bandas con Bildu y el PSE para avanzar en esta cuestión. Puso 2026 como fecha a la que atar este nuevo Estatuto, pero los precedentes no invitan al optimismo.

El presidente del PNV, Andoni Ortuzar, durante la noche electoral del 21-A / Luis Tejido - EFE

De hecho, la última vez que se planteó la renovación del estatus vasco -junto al Gallego el único que no se ha modificado desde su redacción en 1979-, jeltzales y soberanistas estuvieron a punto de cerrar un acuerdo, pero la aparición de los socialistas en la ecuación hizo naufragar aquel intento. Desde entonces la posibilidad de un nuevo pacto parece algo descabellado, sobre todo con el PSE como socio preferente del PNV, pero Ortuzar confía en que Bildu mantenga el tono conciliador de la campaña para que la brecha entre los de Arnaldo Otegi y los de Eneko Andueza se reduzca. 

Además, hay que tener en cuenta el acuerdo que los nacionalistas vascos firmaron con el PSOE para la investidura de Pedro Sánchez como presidente del Gobierno. Un pacto por el que ya se han traspasado tres competencias: la gestión de los trenes de cercanías, la homologación de títulos universitarios extranjeros y gestión de la acogida de inmigrantes; y por el que todavía quedan otras sobre la mesa como el traspasado de una Seguridad Social única para Euskadi, o el control portuario. Pero esto son cuestiones que dependen más de la política realizada en Madrid que del nuevo Parlamento autonómico. 

Con esto, es importante tener en cuenta que la mayoría abrumadora de los escaños nacionalistas y soberanistas, no es un reflejo del todo fiel al sentir de la sociedad vasca. De hecho, los últimos datos compartidos por el Sociómotero del Ejecutivo autonómico muestran que el apoyo a la independencia está en mínimos históricos, con un 23% de la ciudadanía a favor de separarse del Estado español y un 38% en contra; y que solo un 44% de la población se siente o "únicamente vasca" o "más vasca que española".