El caso de la vacunación con lotes caducados en Osakidetza ha irrumpido con fuerza esta semana en la política vasca. Los hechos, primero, y las diferentes versiones del Departamento de Salud, después, han supuesto un varapalo para el Gobierno vasco y, por el contrario, han dado alas a EH Bildu, que hizo público el escándalo.
Vacunar con dosis caducadas es un error innegable que puede generar desconfianza entre los ciudadanos. Y está claro que con este caso inesperado se han vuelto a generar grietas en Osakidetza, que hasta antes de la pandemia era algo así como el elemento más simbólico del augotobierno vasco y que después sufrió una crisis que lo colocó como una de las primeras preocupaciones de la ciudadanía.
Tanto es así que el lehendakari, Imanol Pradales, no ha ahorrado en esfuerzos desde que llegó al poder para revertir esa situación. Para empezar, eligió a un consejero de carácter más técnico como Alberto Martínez, gran conocedor de Osakidetza y con un perfil más cercano al de sus predecesoras en el cargo.
Ambos, Pradales y Martínez, situaron la solución a los problemas de Osakidetza como una prioridad de la legislatura. Impulsaron un Pacto de Salud que finalmente nació algo descafeinado porque algunos actores importantes se bajaron del mismo en el último momento por discrepancias con el trato a la sanidad privada.
Vacuna
Y, en tercer lugar, el Gobierno de Pradales ha aumentado generosamente el presupuesto destinado al Departamento de Salud. Gracias a todo ello, la preocupación por Osakidetza ha bajado ostensiblemente entre los vascos, al menos según dicen los datos del Sociómetro.
Los tiempos de espera, una de las principales quejas ciudadanas, han mejorado sensiblemente gracias a ese esfuerzo del Ejecutivo. Por todo ello, parecía que la sanidad vasca mejoraba poco a poco y empezaba a parecerse a lo que fue tiempo atrás.
Surge el escándalo
El contexto era positivo. Nadie esperaba lo ocurrido esta semana: EH Bildu registraba el martes una pregunta en el Parlamento vasco sobre la supuesta vacunación con dosis caducadas en Osakidetza. El Departamento de Martínez tuvo que reconocer los hechos y, en un primer momento, habló de 253 casos.
Después, la propia Osakidetza redujo el número de casos a un centenar. Pero luego tuvo que admitir que se habían inyectado vacunas caducadas de dos lotes de otros tipos de vacunas.
Algo parecido ha ocurrido respecto a la necesidad o no de revacunar a los afectados, con diferentes versiones separadas por pocas horas. Impera una sensación de confusión pese a que Martínez se ha esforzado en dar explicaciones desde el primer momento y a pesar de que no hay efectos secundarios para los pacientes mal vacunados.
La relevancia del asunto queda patente por cómo eclipsó en gran medida la visita del lehendakari al Palacio de la Moncloa. Pradales tuvo que echar balones fuera como pudo tras reunirse con el presidente del Gobierno.
En frente, Bildu no ha aflojado el nivel de la crítica. Haber denunciado el caso antes de que el propio Gobieron vasco lo hiciera público ha supuesto un tanto evidente para la formación abertzale que comanda Arnaldo Otegi. La exigencia de más explicaciones y responsabilidades es ahora su estrategia.
Dejando de lado la visión política, el caso no es baladí en sí mismo. Porque por lo pronto la Fiscalía Superior del País Vasco ha incoado diligencias de investigación para acreditar la existencia o no de un delito contra la salud pública por la administración de vacunas caducadas por parte de Osakidetza.
