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Magistral Timothée Chalamet en el biopic sobre Bob Dylan.
Magistral Timothée Chalamet en el biopic sobre Bob Dylan
El actor da vida al icónico cantante en ‘A complete unknown’, película por la que opta al Oscar
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'Respect', 'Judy', 'Last Days', 'Elvis', 'Bohemian Rapsody', 'La Vie en Rose' o 'Rocketman' son solo algunos de los biopics que en los últimos años han retratado, con mayor o menor acierto, la historia de algunos iconos de la música del siglo XX tales como Aretha Franklin, Judy Garland, Kurt Cobain, Elvis Prestley, Freddie Mercury, Edith Piaf o Elton John, respectivamente.
Era cuestión de tiempo, pues, que llegara el de uno de los cantantes más influyentes de la historia de la música, Bob Dylan. Y, como el propio Dylan, 'A complete unknown' ha despertado posturas enfrentadas.
Ya habíamos visto un pseudo biopic, pretencioso y con ínfulas de falso documental en 2007, 'I’m not there', en el que varios actores interpretaban al cantante de Minnesota. Pero uno como éste, tan redondo y que tan bien refleja la personalidad y los inicios del autor de 'Blowing in the wind' o 'Like a rolling stone', no lo habíamos visto todavía.
La película se centra en los primeros años de la carrera musical de Bob Dylan, en el compulso Nueva York beat de los años 60, en que un talentoso cantante y compositor que aún no tenía 20 años empieza a embaucar, encandilar y enamorar a todos lo que se iban cruzando en su camino.
Contado así pareciera que la película mitifica al personaje, pero nada de eso. Al revés, lo mira con ternura, con melancolía, casi, poniendo en valor todo su potencial y magnetismo, pero también todos sus infiernos y soledades, los propios del creador y, en mayor medida aún, del genio.
El guion es fruto del trabajo colaborativo entre el director James Mangold y Jay Cocks, escritor habitual de Martin Scorsese en películas fundamentales como La edad de la inocencia, 'Gangs of New York' o su última obra maestra 'Silencio'. Mangold, por su parte, es uno de los realizadores más irregulares de los últimos años, capaz de haber hecho las magníficas 'El tren de las 3:10', 'Logan' o 'Le Mans 66', las flojísimas Kate y Leopold o Noche y día y las controvertidas 'Inocencia interrumpida' o 'Indiana Jones y el dial del destino'. Con todo, un director eficaz que será el encargado de dirigir 'Star Wars: Dawn of the Jedi' que se estrenará en 2028. Es interesante recodar que Mangold ya dirigió un biopic sobre una estrella country, En la cuerda floja, que contaba la vida de Johnny Cash y que estuvo nominada a 5 Oscars, ganando Reese Witherspoon el de mejor actriz.
El trabajo que ha hecho en esta ocasión es impecable. No sólo por poner la cámara al servicio de un tiempo y un lugar, al servicio de un aire, un ambiente, una música que lo envuelve todo. Sino por ponerla al servicio de un personaje al que se ve que adora. Para ello, toma todo el talento como actor del que es sin duda el más talentoso intérprete de su generación, Timothée Chalamet, y lo eleva a un nivel que sobrepasa el lucimiento personal. Sencillamente, en cada palabra, en cada gesto, en cada instante… Chalamet ha dejado de existir. Vemos sólo a Dylan.
Por supuesto, ha sido nominado al Oscar al mejor actor, aunque su nombre no suena en las quinielas pues se bate el cobre con Colman Domingo por 'Las vidas de Sing sing', Adrian Brody por 'The brutalist', Sebastian Stan por 'The apprentice' y Ralph Fiennes por 'Cónclave', que parte como favorito.
Pero el talento de Chalamet no es el único que brilla en el filme ya que un elenco maravilloso de intérpretes le acompaña. El primero de todos ellos, Edward Norton que todo lo hace bien, todo lo magnifica; después, Elle Fanning, inquietante y desafiante en cada plano y, por último, Monica Barbaro, que logra hacer de un personaje del que tanto se espera y tanto se va a observar -Joan Baez- una auténtica delicia.
El resultado es un filme que encandila desde el minuto uno y que, si bien no refleja la compleja personalidad del artista, sí logra convertir la nostalgia en un juego maravilloso donde la verdadera oda, la profunda grandeza radica, no ya en el personaje, ni en aquellos momentos climáticos y conmovedores del filme como el Newport Folk Festival de 1965, sino el espíritu rebelde que destila a cada instante. Un espíritu que nosotros solo intuimos y que algunos, ellos, sí vivieron.