Un curso para acelerar la adaptación/Pixabay

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Opinión

Un curso para acelerar la adaptación

13 septiembre, 2023 05:00

Como todos los años, la llegada de septiembre nos marca el comienzo de un nuevo curso lectivo y también político y económico. Después de las vacaciones de verano y con los Ayuntamientos ya definitivamente constituidos, llega el momento de establecer objetivos y prioridades para el futuro de los diferentes territorios. ¿Sobre qué deben girar esas prioridades?, no hace falta ir muy lejos para encontrarlas. Dando un repaso a la actualidad informativa de estos meses estivales, es muy fácil hallar la respuesta. Incendios explosivos y mortales, tormentas e inundaciones que dejan muerte y destrucción a su paso, olas de calor cada vez más frecuentes, sequías generalizadas que influyen directamente en nuestra dieta alimenticia, con la reducción drástica de algunos cultivos como el olivar, con la consiguiente reducción y encarecimiento del aceite de oliva, o cambios en nuestros horarios y hábitos de trabajo para poder afrontar los aumentos de temperatura. El cambio climático está ya aquí y la adaptación de nuestra sociedad a esta nueva realidad es la clave para conseguir ser más resilientes y competitivos.

A pesar de todas las declaraciones oficiales, sigo sin estar seguro de que nuestras instituciones concedan la importancia que tiene a este cambio global y sigo echando en falta una estrategia y un enfoque transversal que permita evitar contradicciones y que frene procesos de involución como los que se están dando en algunas ciudades, con la reversión de algunas medidas importantísimas de movilidad sostenible. Lo he dicho muchas veces, actuar contra el cambio climático no es neutro, hay que adoptar medidas que van en dirección diametralmente opuesta a la economía tradicional y eso requiere valentía, inteligencia y decisión.

No voy a dejar que pase este mes de septiembre sin formular un pequeño listado de retos a resolver en este próximo curso para adaptarnos al cambio climático. Muchos de ellos podrían sacarse de las líneas estratégicas en las que se comprometía a trabajar el Basque Green Deal, presentado por el Gobierno vasco en 2021. Ahora que estamos a sólo nueve meses para que termine esta legislatura, no estaría nada mal que se diera un empujón a esta estrategia y que todos los partidos vascos se posicionaran al respecto y ya, de paso, trabajar en un consenso en torno a este tema.

La descarbonización de nuestra economía y, por tanto, la transición energética es un aspecto fundamental para frenar el cambio climático. No podemos seguir emitiendo CO2 en los niveles que estamos ahora y no sólo porque tengamos unos acuerdos internacionales que cumplir, sino porque algunos efectos que ya son visibles e irreversibles se multiplicarían exponencialmente. Esto tiene que ver con la aceleración  en la implantación de nuevos proyectos de energías renovables, pero también con el descenso y una mayor eficiencia en el consumo energético. Todos nos tenemos que poner las pilas y, especialmente en este tema, hay que trabajar acuerdos multi agentes que traten de evitar conflictos.

El cambio climático está ya aquí y la adaptación de nuestra sociedad a esta nueva realidad es la clave para conseguir ser más resilientes y competitivos

Tenemos que acelerar también la transición de nuestra industria para hacerla más sostenible y en ese proceso el propio tejido productivo vasco tienen mucho que decir porque contamos con verdaderos especialistas en este campo, muchos de ellos agrupados en torno a clústeres como Aclima. Este proceso tienen que ir mucho más allá de los actuales requerimientos legislativos y pensar esta transición como un método para incrementar nuestra competitividad y en avanzar hacia una economía más circular. Son procesos que ya han iniciado algunos gigantes del tejido empresarial vasco como Mercedes, que está inmersa en la electrificación total de su producción, y en los que algunas pymes vascas llevan ya años trabajando. Extender esta transición al resto puede ser la clave para mantener e incrementar nuestra competitividad y, por lo tanto, seguir generando empleo de calidad.

La movilidad sostenible es otra de esas grandes asignaturas pendientes. Algunos hemos visto con gran tristeza y desolación como se han ido revertiendo algunas actuaciones tan necesarias como carriles bicis, peatonalizaciones y transformaciones de espacios como la supermanzana de Consell de Cent en Barcelona, el paseo del muro en Gijón o vías ciclistas en Logroño. Esta tentación de involución, que asombra a media Europa, puede llegar también a las ciudades vascas, estaremos atentos a la solución que se adopta, por ejemplo, a la movilidad en el sur de Vitoria-Gasteiz. Tampoco podemos dejar de reivindicar una reducción drástica de los desplazamientos en vehículo privado, tanto dentro de nuestros municipios como en los viajes entre ellos. En este último caso, urge ya la entrada en funcionamiento de la Y vasca y por supuesto su conexión con Madrid y Pamplona.

No son los únicos temas que serán protagonistas en este nuevo curso. La adaptación al cambio climático pasa por la implementación de Soluciones Basadas en la Naturaleza (SBN) en nuestras ciudades, es decir, un nuevo urbanismo donde las infraestructuras verdes sean la clave para generar espacios más saludables que ayuden a combatir las consecuencias de ese aumento de temperatura. Pero también lo es la gestión adecuada de nuestros residuos, un aspecto en el que tenemos mucho que mejorar, no sólo en el reciclaje, con cifras todavía muy alejadas de los estándares europeos, especialmente en Vizcaya y Álava, sino también en la reducción y reutilización. También lo tendremos que hacer en la gestión del agua, tanto para mejorar su aprovechamiento como para minimizar los riesgos de inundaciones. Y no nos podemos olvidar tampoco de cómo mantener e incrementar nuestra biodiversidad, fomentando una agricultura y una ganadería sostenible.

Creo que todos somos conscientes de que el cambio climático ya está aquí. Lo que deberíamos saber es que adaptarnos a esta situación requiere de un cambio radical en nuestros hábitos y en las estrategias de nuestras instituciones. Cuanto antes lo hagamos, más posibilidades tenemos de frenar un proceso que puede tener consecuencias impredecibles. Sin olvidar de la enorme oportunidad que supone para Euskadi convertirse en un territorio referente en la lucha contra este fenómeno global. Las UE ya ha reconocido como buenas prácticas que pueden servir de ejemplo a otros países proyectos como el de Zorrozaurre, en Bilbao. Esto es una carrera de fondo pero si aceleramos al principio las posibilidades de éxito serán mucho mayores.