
El exfutbolista Dani Alves a su salida de la cárcel de Can Brians, a 25 de marzo de 2024
Sentirse de segunda
La escasa visibilidad de las víctimas en los casos de Dani Alves, Ruth Ortiz y la joven asesinada en Adolescencia
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No se si a ustedes les ha pasado alguna vez pero yo últimamente me siento un poco de segunda. ¿Qué significa sentirse así? Hacerlo implica ser consciente de que pase lo que pase o hagas lo que hagas, tus declaraciones, tus denuncias o lo que digas no va a ser tenido en cuenta.
Nosotras nos hemos sentido así desde casi el inicio de los tiempos y lo sorprendente es que tras muchos años de lucha y de conquista de derechos sigamos sintiéndonos ciudadanas de segunda. A nosotras no es que no se nos conceda la oportunidad de explicarnos sino que cuando lo hacemos, pasamos desapercibidas.
Algo así es lo que he sentido en estas últimas semanas a consecuencia del cambio en la sentencia del caso Dani Alves y que ha supuesto que el anteriormente declarado culpable haya sido absuelto porque, al parecer, la presunción de inocencia prima frente a las declaraciones de una mujer que le denunció por agresión sexual.
Ella fue reconocida como víctima hace más o menos un año tras ofrecer ante el tribunal una narración “coherente y especialmente persistente”. Entonces, los magistrados dieron credibilidad al relato de la víctima y consideraron probado que el futbolista penetró vaginalmente a la víctima sin su consentimiento.
Ahora, la Sección de Apelaciones le presenta una enmienda a la totalidad, anula el castigo impuesto a Alves y “acoge una creencia subjetiva de lo que ocurrió en el interior del baño limitada únicamente al hecho de que la penetración vaginal fue inconsentida como sostiene la denunciante”.
¿Con que se defiende una víctima si nada de lo que diga ella y su entorno, incluso quienes le acompañaron el día de la agresión, vale?
Las pruebas periciales de los médicos forenses, las declaraciones de la víctima, se sus amigas, de su prima, de los camareros y el personal de seguridad de la discoteca, de los mosos que intervinieron e incluso de los amigos que estuvieron con Alves aquel día, sirvieron hace una año para la condena pero no sirven ahora. ¿Con que se defiende una víctima si nada de lo que diga ella y su entorno, incluso quienes le acompañaron el día de la agresión, vale? Solo quien entiende el funcionamiento de la violencia machista es capaz de aplicar la perspectiva de género a cualquier ámbito.
La víctima, que como casi todas las mujeres sufrió la agresión en la intimidad y sola, ha sido tratada como ciudadana de segunda y su declaración de los hechos ha quedado invalidada por la presunción de inocencia del agresor. Imposible no sentir que las siguientes mujeres que sean agredidas se abstendrán de denunciar ante la posibilidad de que sus declaraciones no sean tenidas en cuenta y no valgan nada, en definitiva.
Imagino que también se habrá sentido de segunda Ruth Ortiz, la madre de los dos niños asesinados por el tristemente famoso José Bretón, padre de los niños al mismo tiempo que asesino confeso.
La publicación, no publicación por el momento, de un libro en el que el asesino relataba con todo lujo de detalles cómo había matado a sus hijos ha sido objeto de comentarios, opiniones, análisis y estudios acerca de la posible colisión entre la libertad de expresión y el derecho al honor.
Una mente de psicópata como la del asesino necesita estar en primera línea y aparecer constantemente en los medios para convertirse en el personaje que cree debe ser
Soy de las que opina que el libro está muy bien donde está, guardado. Espero que coja polvo durante muchos años para que el asesino Bretón no tenga la satisfacción de ver cómo su ex mujer sufre la violencia vicaria que comenzó infringiéndole con el asesinato de sus hijos. Una mente de psicópata como la del asesino necesita protagonismo, estar en primera línea y aparecer constantemente en los medios para convertirse en el personaje que cree debe ser.
El autor del libro ha ejercido de “mono volador”, de instrumento en manos de un asesino que lo ha utilizado para que la violencia siguiera cayendo sobre la madre de los hijos del mismo asesino.
Todo esto lo hemos debatido, ha ocupado minutos de radio, televisión, podcast y páginas de periódicos, sin tener en cuenta en ningún momento a la víctima, Ruth Ortiz. Ni el autor ni quienes han debatido sobre la libertad de expresión y el derecho al honor se han parado a escuchar a la mujer. Al parecer no tenía importancia saber cómo se siente, el dolor que le ha vuelto a infringir el asesino o si estaba de acuerdo o no con la publicación. ¡Qué más da eso! En todo esto solo ganaba el asesino ávido de protagonismo y de deseo de ejercer más daño a la víctima. Pero eso no importa, sus sentimientos son de segunda.
Los emojis que utilizan nuestros hijos tienen un significado muy diferente al que les damos los adultos y el machismo se gesta en el lado más oscuro de la red y va calando como gota malaya en nuestros jóvenes
Y para terminar una breve reflexión sobre la serie de moda, Adolescencia. No voy a negar que me parece un trabajo magistral que vi con mucho interés y recibí como un puñetazo en el estómago. Las habitaciones de nuestros hijos son cualquier cosa menos lugares seguros, los emojis que utilizan tienen un significado muy diferente al que les damos los adultos y el machismo se gesta en el lado más oscuro de la red y va calando como gota malaya en nuestros jóvenes.
Ojalá sirva para que las familias hagan una profunda reflexión y tengan una conversación con sus hijos que les lleve a comprender, a unos y a otros, lo que significa no estar al tanto de lo que se cuece en los foros juveniles.
Sin embargo, me ha faltado un mayor protagonismo de la víctima, de la chica asesinada. Porque el chaval es víctima de un sistema patriarcal y de un avance del machismo impulsado por jóvenes que se sienten ninguneados por las mujeres, pero la verdadera víctima es la chica asesinada. Y tampoco a ella se la ha tenido en cuenta, también ha sido de segunda.