Cuando explicamos en las empresas o en las instituciones cuál es el valor más importante del que disponen, no todos aciertan en la respuesta, pero en cuanto se explica, no hay discrepancias al respecto. El valor más importante de cualquier entidad en su marca. Un intangible al que casi es imposible poner una cifra, pero que debe cuidarse y protegerse, porque de forma inconsciente para muchos ayuda a posicionarse bien o mal, allí dónde debe hacerlo.
Y la marca, cualquier marca, cuyo valor es difícil de calcular es especialmente sensible a todo aquello que puede perturbarla. El valor de la marca está directamente relacionado con la confianza que aquellos que la siguen, la consumen o se identifican con ella, tienen en cada momento.
Las malas noticias son perniciosas para cualquier marca. Cuando esas malas noticias se asocian a ella por cuestiones indirectas, como puede ser por ejemplo, una catástrofe natural que hace que los precios de esa marca se incrementen, remontar es más fácil que cuando la imagen de la marca se ve dañada por cuestiones o escándalos internos.
El intangible que es la marca España, la marca de país, está como en el resto de países al albur de la gestión que el país esté llevando a cabo en cada momento. Y como en cualquier proceso que depende de la confianza, hay que cultivarla cada día y se pierde en cuestión de segundos.
Póngase en la piel de cualquier foráneo que en las últimas semanas o días haya escuchado o leído sobre lo que está ocurriendo por estos lares, un escándalo que afecta al partido que gobierna y que no se ha resuelto de la forma correcta
Con todos estos antecedentes, póngase en la piel de cualquier foráneo que en las últimas semanas o días haya escuchado o leído sobre lo que está ocurriendo por estos lares. Un escándalo que afecta al partido que gobierna y que no se ha resuelto de la forma correcta. Procesos judiciales abiertos contra responsables políticos o personas cercanas a ellos en tal cantidad, que nos resulta complicado darles seguimiento incluso a los que nos dedicamos a la información, cuestionamiento de la justicia…una batería de desaguisados sin freno que no ofrecen una imagen de país confiable.
Este contexto afecta como no puede ser de otro modo a la economía. El dinero huye allá dónde hay inestabilidad e incertidumbre, no se queda donde no se le ofrecen las condiciones adecuadas para poder asentarse.
Hasta ahora el Gobierno ha sacado pecho de la situación económica y lo cierto es que algunas cifras avalaba, todavía lo hacen esa posición. Otras cuestiones económicas como puede ser la caída de la industria, los dramáticos índices de absentismo, la carestía de la vivienda o el drama de los parados de larga duración, o la escasa productividad, son cosas que se obvian cuando se hacen balances. Las cifras macroeconómicas son buenas si no entramos en los detalles, pero ya hay indicadores que empiezan a alertar.
Las cifras macroeconómicas son buenas si no entramos en los detalles, pero ya hay indicadores que empiezan a alertar
Cierto es que crecemos por encima de los países del entorno pero también lo es que las expectativas de crecimiento se están corrigiendo a la baja. En el caso de España, así lo corroboran la OCDE y el Banco de España que reduce en tres décimas sus previsiones iniciales pasando del 2,7% al 2,4%.
Y ojo a una de las advertencias que preocupan al FMI: la fragmentación política. Nos encontramos un ejercicio más sin el instrumento más importante que hay para gestionar la economía: los presupuestos. La prórroga presupuestaria no puede ser más que una solución coyuntural, nunca estructural y empezamos a tender a lo segundo.
El riesgo de fragmentación política se ve aquí además aderezado por los escándalos, por la pérdida de atributos y valores positivos para la marca de país.
Las connotaciones negativas para la imagen tienen traducción de forma prácticamente inmediata en la economía. Los buenos datos de la nuestra están basados en un porcentaje mucho más elevado del que sería deseable, en el turismo. Y el turismo es muy sensible a esos vaivenes que convierten al país en más o menos serio.
Por lo tanto es de rigor proteger esa marca y no ensuciarla con escándalos y comportamientos que la denigran. Nos afecta a todos que vamos a acabar pagando esa mala imagen que algunos se empeñan en generar y otros en no enmendar.