Juanma Moreno Bonilla, presidente de la Junta de Andalucía.
Como diría el grupo gaditano 'Los Delincuentes' la primavera trompetera ya llegó. Nos despedimos del abrigo, florecen los almendros y al mismo tiempo se multiplican las rinitis y las alergias. El mayor tiempo de luz solar, el cambio de hora y un horizonte vacacional se van remojando entre fiestas populares, romerías y celebraciones varias, típicas de la mejoría de la climatología.
Ni qué decir tiene que Andalucía respira ya incienso con la Semana Santa, suena a cascabeles en las monturas de los caballos en Jerez y se salpicará de lunares en la feria de abril, pero antes del Rocío los andaluces acudirán a votar en las elecciones autonómicas convocadas por el presidente Juan Manuel Moreno Bonilla.
Una ventana de oportunidad que Moreno Bonilla ha encontrado un poco antes de lo previsto, por lo que la feria y la Blanca Paloma han tenido la culpa de que el día electoral elegido sea el próximo 17 de mayo.
Parece que las encuestas internas del Partido Popular apuntan a una recuperación en la intención de voto que habían caído diez puntos con la crisis de los cribados del cáncer de mama y la gestión de la sanidad andaluza. Un tema tabú, que al contrario que los dos desgraciados acontecimientos, la tragedia de los trenes de Adamuz y la gestión de los problemas derivados de las intensas borrascas, habrían devuelto la confianza en el actual presidente tal y como se encargó de subrayar el propio Moreno en su anuncio de la cita con las urnas.
Con las andaluzas se termina el carrusel electoral diseñado por los populares para desgastar desde el poder autonómico el Gobierno de Pedro Sánchez. Sin embargo, y a pesar de haber ganado en los comicios de Extremadura, Aragón y Castilla y León se han quedado lejos del objetivo de obtener mayorías absolutas.
Por el contrario, la dependencia de los presidentes autonómicos convocantes de sus competidores en su espacio político, Vox, es mayor ahora que antes de medirse en las urnas. De hecho, no se han cerrado aún ninguno de estos Gobiernos que permanecen en el limbo de la oportunidad de quien les tiene en penitencia.
No quisiera dejar pasar la ocasión de recordar lo que supusieron las elecciones andaluzas de hace ocho años. Ha llovido, y este años más, pero fue el punto de inflexión de muchas cosas que vivimos hoy y el responsable es quien ruega por repetir escaños en San Gil a la Macarena y pone una vela a la Esperanza para quedarse por mi virgencita como estoy
Moreno Bonilla sabe dos cosas, las dificultades de abrochar pactos de Gobierno con los de Abascal y que la única opción para escapar de esas telarañas es revalidar la mayoría absoluta de la que disfruta. Lo ha dejado clarísimo advirtiendo desde el pistoletazo de salida “o yo o el lío”. Porque sí, lío va a tener si como advierten las encuestas es complicado reiterar un Gobierno libre de dependencias.
En este punto, no quisiera dejar pasar la ocasión de recordar lo que supusieron las elecciones andaluzas de hace ocho años. Ha llovido, y este años más, pero fue el punto de inflexión de muchas cosas que vivimos hoy y el responsable es quien ruega por repetir escaños en San Gil a la Macarena y pone una vela a la Esperanza para quedarse por mi virgencita como estoy.
El dos de diciembre de 2018 los andaluces estaban llamados a votar. Ganó el PSOE de Susana Díaz, pero la gobernabilidad la obtuvo por primera vez en la historia el Partido Popular gracias a los votos de Ciudadanos y de la irrupción de Vox con doce escaños en un nuevo escenario político que integraba en el juego a un partido de extrema derecha por primera vez en un parlamento desde 1979. Moreno Bonilla gobernaría en coalición con Ciudadanos y Vox brindaría apoyo desde fuera del Gobierno en virtud al pacto de las cortinas.
Parece ser que las grandes batallas internas, las expulsiones de miembros relevantes y fundadores de la formación como pactista de la cortina, Ortega Smith, y las acusaciones de ser un chiringuito para mayor lucro de Santiago Abascal y las familias financiadoras Ariza y Méndez Monasterio, no han desanimado al personal
Moreno Bonilla y Javier Ortega Smith, una firma, una sala, una mesa y las cortinas echadas a cal y canto sobre los ventanales, como en una metáfora de lo vergonzante que era rubricar con aquella formación, pero necesario si los populares querían hacerse con el poder en Andalucía.
Un acuerdo que marcó en gran medida la influencia que a partir de entonces tendría Vox en la política de España. Moreno les sentó en la mesa y ahora esperan a devorarle o a someterle.
Vox vive un momento zen impulsado por el voto del descontento recogiendo votantes de prácticamente todas las fuentes. Parece ser que las grandes batallas internas, las expulsiones de miembros relevantes y fundadores de la formación como pactista de la cortina, Ortega Smith, y las acusaciones de ser un chiringuito para mayor lucro de Santiago Abascal y las familias financiadoras Ariza y Méndez Monasterio, no han desanimado al personal.
De hecho, en Andalucía no tienen aún designado un candidato a la Junta. Parece que la marca, al menos de momento, aguanta carros y carretas a pesar de la jarana interna.
En la bancada de enfrente la jota y el alboroto no es que sean menores. La vicepresidenta primera, María Jesús Montero, ya se ha despedido de sus compañeros en el Consejo de Ministro para hacerse cargo de la campaña del PSOE que, por cierto, arrancará un simbólico 1 de mayo.
A la izquierda de los socialistas, la alegría se reparte en tres barrios Adelante Andalucía, Por Andalucía y Podemos Andalucía por si alguien quería quedarse fuera del festejo, pero este es otro capítulo que abordaremos más pronto que tarde.