Una mujer palestina camina frente a un lugar destruido por un ataque aéreo de Israel, en una fotografía de archivo Efe
Mientras las negociaciones entre EE.UU. e Irán penden de un hilo y el mundo y nuestros bolsillos pierden holgura, entretanto el estrecho de Ormuz permanece en el punto de discordia estratégica, no podemos dejar de mirar más allá.
En primer lugar a las personas, a los civiles, a los muertos, a los heridos, los desplazados, a los hombres, mujer y niños que sufren las consecuencia de una guerra que como todas me retrotraen a las palabras del carismático líder de Izquierda Unida, el difunto Julio Anguita, tras la muerte de su hijo periodista cubriendo la guerra de Irak: “Malditas sean las guerras y los canallas que las hacen”.
Nada ha salido según lo previsto por la Administración Trump. Ni la pretensión de derrocar el programa nuclear iraní, ni supuestamente acabar con el régimen de los ayatolás al estilo asalto al poder en Venezuela en esas pocas semanas de las que hablaban.
Desintegrar la amenaza que supone Irán para los aliados de EE.UU. en la región como Arabia Saudí e Israel no ha resultado según lo imaginado por Trump
Oriente Medio nada tiene que ver con el contexto caribeño y la economía ha puesto la soga en el cuello del presidente norteamericano. Desintegrar la amenaza que supone Irán para los aliados de EE.UU. en la región como Arabia Saudí e Israel no ha resultado según lo imaginado por la cabeza de Trump y la de su homólogo israelí Netanyahu, ambos perfectamente alineados militarmente en sus objetivos estratégicos.
Llegados a este punto, creo que es hora de poner el foco en la sombra alargada de Benjamín Netanyahu. Hasta la actualidad EE.UU. e Israel han sido aliados, pero con límites.
Desde la década de los 60-70, especialmente tras la guerra de los Seis Días, el apoyo militar (armas, financiación, inteligencia) y el diplomático a través del derecho a veto en la ONU han sido una constante, pero los presidentes estadounidenses habían evitado entrar directamente en guerras promovidas por Israel por el temor a una escalada de los conflictos regionales con el mundo árabe, especialmente Irán. También hay miedo a perjudicar los intereses globales de estabilidad comercial y energía, sin olvidar el alto coste político interno.
No podemos olvidar que Trump habló de la construcción de la Riviera de Oriente Medio en la desolada Franja
Muy poco importaron al mundo las atrocidades acometidas por Israel en la franja de Gaza a raíz del injustificable ataque terrorista de Hamas del 7 de octubre de 2023. Un genocidio llevado a cabo por el Gobierno sionista que ha seguido matando civiles incluso tras la declaración del alto el fuego. Se calcula que solo desde entonces Israel ha matado a más de 700 personas en Gaza y sigue racionando la entrada de víveres. No podemos olvidar que Trump habló de la construcción de la Riviera de Oriente Medio en la desolada Franja.
El siguiente paso ha sido el sur del Líbano bajo el pretexto de acabar con los aliados chiíes de Irán en el país vecino, Hezbollah. Idéntica táctica de tierra arrasada y bombardeos indiscriminados en la capital, Beirut.
Miles de desplazados, civiles asesinados y ocupaciones sin ningún amparo en el derecho internacional. El mundo sigue paralizado ante semejante atropello a la legalidad, a las normas, a las relaciones regladas entre países, al más mínimo respeto a los derechos humanos. Los organismos multilaterales desactivados ante la barbarie.
El Consejo de Asuntos Exteriores de la UE ha desestimado la petición de España, Irlanda y Eslovenia de suspender el acuerdo de Asociación con Israel por las decisiones ejecutivas, militares y leyes israelíes contra cualquier derecho humano o divino.
Legalmente no hay duda, el otrora aliado incumple el artículo dos del tratado que vincula el mismo a la estricta observación de los derechos humanos y el derecho internacional
La conclusión es que no hay quien le pare los pies a Israel aunque franquee todas las líneas rojas de la decencia y de la humanidad mientras nos acomplejemos porque políticamente es complicado. Legalmente no hay duda, el otrora aliado incumple el artículo dos del tratado que vincula el mismo a la estricta observación de los derechos humanos y el derecho internacional.
¿De qué sirve tener cláusulas y normas blanco sobre negro si ante la violación de las mismas miramos para otro lado? Ni una mísera presión política es capaz de poner de acuerdo a los Estados del bloque comunitario.
Genera tal desazón el hecho de que Israel vaya a seguir impunemente su estrategia de crear el Gran Israel con el beneplácito perpetuo de EE.UU. y la cobardía de una Unión Europea dispuesta a convertirse en el sepulcro blanqueado de sus pilares fundacionales que duele.
Recurrir a los clásicos siempre es un gran recordatorio de la condición humana desde antiguo y qué mejor que apelar a un griego sabio que dijo: “La peor forma de injusticia es la justicia simulada”, Platón.