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Carlos Garaikoetxea, primer lehendakari tras el franquismo en una imagen de archivo

Carlos Garaikoetxea, primer lehendakari tras el franquismo en una imagen de archivo X de Bildu

Opinión

Carlos Garaikoetxea, la historia viva del nacionalismo vasco

Primer lehendakari tras la dictadura, rompió con el PNV, fundó EA y años después se alineó con los críticos de su partido

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Carlos Garaikoetxea, fallecido este lunes a los 87 años, representa la historia viva del nacionalismo vasco. Porque, como es sabido, llegó a la Lehendakaritza tras la dictadura gracias al PNV, después rompió con su partido, abandonó Ajuria Enea y creó una escisión, Eusko Alkartasuna (EA), formación que ha quedado integrada en EH Bildu.

Decir Garaikoetxea es decir Euskadi. Porque fue su primer lehendakari tras la dictadura y porque teniendo en cuenta su origen, Pamplona, resultaba el perfecto mito navarro para los nacionalistas.

Decir Garaikoetxea también es decir EA, claro. Pero también es decir PNV, cómo no. O decir Lehendakaritza, donde pasó seis años, hasta que su choque con Xabier Arzalluz acabó de la peor manera. Y, en los últimos tiempos, también es decir izquierda abertzale, porque el partido que fundó quedó integrado en la formación que comanda Arnaldo Otegi.

Esa fusión con Sortu, Aralar y Alternatiba que generó Bildu sirvió para salvar a su formación, EA, pero con el paso del tiempo provocó su disolución. Algo paradójico, toda vez que Garaikoetxea, socialdemócrata confeso, siempre estuvo lejos de la izquierda abertzale ortodoxa. Por ejemplo, siempre fue crítico con el terrorismo de ETA. Pero en política la vida da muchas vueltas.

De hecho, en los últimos años, durante la dura batalla por controlar lo que quedaba de EA, él estuvo con el bando de los críticos con la dirección más afín a sumarse a Otegi y los suyos.

Por todo ello, decir Garaikoetxea es, en realidad, decir nacionalismo vasco. Porque los seguidores de la ideología fundada por Sabino Arana, sean de la rama que sean, están relacionados de algún modo con el lehendakari ahora fallecido. Y porque la historia del nacionalismo también es una historia de división entre facciones.

Abogado de formación, euskaldun convencido y siempre defensor de las ikastolas, el ahora fallecido tenía fama de tener un carácter un tanto tosco, pero quienes le trataron de cerca combaten ese aserto con igual pasión.

Justo es reconocer que, como el propio Imanol Pradales dijo en el homenaje que le tributó hace un año, Garaikoetxea fue el arquitecto de las instituciones vascas tras la dictadura. Eran tiempos del recién nacido Estatuto de Gernika. Había que pasarlo de las palabras a los hechos. Un reto institucional que él contribuyó decisivamente a llevar a buen puerto.

Se ha muerto Garaikoetxea. Y ahora todo serán aplausos y recuerdos felices, como siempre que alguien fallece, pero su trayectoria política también incluye unos cuantos enfrentamientos, algunos bastante desagradables, como bien saben en Sabin Etxea.