Imagen de archivo de un joven alavés sentado en el suelo.
Hace unos días, el presidente de la Confederación Empresarial de Castilla-La Mancha, Ángel Nicolás, llamaba “memos” a los jóvenes que recurren a pedir la baja laboral por problemas de salud mental. Concretamente ponía el ejemplo de un joven “al que le deja la novia” y coge la baja para, a renglón seguido, referirse al colectivo de personas jóvenes lanzando un “es que son unos memos” que aún resuena en nuestras cabezas. Más en la de los y las aludidas, a quienes se ha dado un llamar generación de cristal o generación pantalla en el mejor de los casos y blandengues, flojos o debiluchos en el peor y, por cierto, más generalizado.
Sucede que a esa generación de gente blanda, de la que se dice tiene poca tolerancia a la frustración, rechaza las críticas y es emocionalmente frágil, a esos y esas nacidas entre 1995 y 2010 les han educado sus padres y madres. Es sencillo responsabilizar a alguien de no saber enfrentarse a la vida sin pensar en quién o quienes le han dado las claves para hacerlo.
En uno de los episodios del podcast Terapia de Parejas se hacían eco de una serie de textos enviados por padres y madres de alumnos vía correo electrónico, al profesorado de sus descendientes. No tienen desperdicio así que me tomo la licencia de copiaros alguno.
“Nuestra hija ha llegado tarde por culpa de la lluvia. No le gusta la lluvia y le afecta mucho a su estado de ánimo. Por favor, ponedle presente pero no que ha llegado tarde.”
“Mi hija Olivia ha sacado un 7,2. En casa pensamos que su nivel es al menos de un 9 y que un notable reflejaría mejor su potencial. ¿Hay alguna manera de ajustar eso?”
“Mi hijo me ha contado que le pediste que guardase la tablet delante de toda la clase. Se ha sentido señalado, expuesto públicamente y humillado. Me lo contó mientras lloraba. Por favor, sed más discretos al hacer cumplir las normas.”
“Trabajo en grupo. Mi hija asegura que sus compañeros no han realizado la parte del trabajo que les correspondía. Ella asume de manera natural roles de liderazgo y sostiene emocionalmente al grupo. ¿Podría compensarse esto de alguna manera con puntos extra? Firmado: un padre orgulloso.”
" Seguro que quienes leen estas líneas y forman parte del mundo de la docencia saben que la realidad, como siempre, supera mucho a la ficción"
Seguiría aportando textos a lo largo de varias páginas pero, para muestra, bien valen esos botones. Seguro que quienes leen estas líneas y forman parte del mundo de la docencia saben que la realidad, como siempre, supera mucho a la ficción.
Yo me pregunto quiénes son los memos en este caso. Si chicos y chicas que han superado situaciones sociales y vitales que, sin duda, han marcado su forma de afrontar el día a día o quienes con su actitud proteccionista actúan como helicópteros sobrevolando cada momento de su vida sin apenas dejarles margen para equivocarse y rectificar.
Si algo han tenido que habitar nuestros jóvenes en los últimos años ha sido la incertidumbre. No saber si algún día podrás realizar un proyecto de vida independiente, si serás padre o madre, si tener una casa será algo más que un sueño, si saldrás del colectivo de trabajadores pobres o no, si podrás dejar de depender económicamente de tus progenitores, si… Son tantas dudas y hay tantos interrogantes sin respuesta que la salud mental, afortunadamente hoy con la importancia que merece, se ve resentida.
Es cierto que inmediatamente surge eso de “nuestros abuelos lo pasaron peor” en la guerra, compartiendo habitación con derecho a cocina, trabajando en mil sitios, con más hijos de los que podían alimentar y un largo etcétera, pero la solución a la situación actual no puede pararse por una comparativa que no se sostiene.
"La crisis de la vivienda, la precariedad y la inestabilidad laboral provocan que el 42% de las personas entre 25 y 34 años perciban su salud mental como regular o mala"
Mediados del siglo XX era una cosa y este primer cuarto del XXI otra muy diferente y los problemas de la juventud ante un futuro tan incierto debe abordarse desde nuestra actual forma de vida. La crisis de la vivienda, la precariedad y la inestabilidad laboral provocan que el 42% de las personas entre 25 y 34 años perciban su salud mental como regular o mala. Los niveles de bienestar emocional están por los suelos y las expectativas de futuro son azabache puro. Con este panorama, no es de extrañar que las bajas laborales se disparen como lo han hecho en los últimos siete años, multiplicándose por cuatro.
¿Significa esto que estamos ante una generación blanda? Si escuchamos a los propios afectados, los jóvenes calificados como memos, y tratamos de ponernos en su piel comprobaremos que vivir en permanente estado de alerta ante el futuro genera ansiedad, uno de los trastornos más frecuentes a la hora de solicitar una baja laboral. Sin embargo no creo que sea un problema ni de los trabajadores ni de los empresarios, es más bien un problema de país.
Si quienes han de solucionar nuestros problemas, políticos y políticas que han de trabajar para mejorar nuestra calidad de vida, trasladan la imagen de que andan permanentemente enredados en asuntos de corrupción y no intentando que logremos una estabilidad, el problema seguirá agrandándose. Todo esto unido a un cambio total de paradigma vital que ha sacado de la primera línea de importancia al trabajo. Afortunadamente nuestros jóvenes ya no viven para trabajar sino que trabajan para vivir.
"Afortunadamente nuestros jóvenes ya no viven para trabajar sino que trabajan para vivir"
Valoran más su tiempo, priorizan el equilibrio emocional y la flexibilidad por encima del sacrificio laboral y corporativo. Algunos le llaman “minimalismo profesional” y aunque suene a que quieren dar lo mínimo en su trabajo en realidad significa que saben poner límites a las exigencias que quienes pertenecemos a generaciones anteriores no supimos poner en muchas ocasiones.
Me gusta esa forma de enfrentarse al trabajo de aquellos “memos” que buscan más su felicidad que el éxito profesional. Estamos aquí de paso y, como dicen los hindús, al final de la vida solo importan tres cosas: lo mucho que amaste, lo bondadoso que fuiste y la facilidad con que dejaste marchar aquello que no era para ti. Puede que los jóvenes capten más rápido que nosotros si un trabajo que les hace infelices es o no para ellos.