Protestas contra los despidos de Tubacex en 2021. EFE

Protestas contra los despidos de Tubacex en 2021. EFE

Empresas

Tubacex afronta una difícil negociación salarial al concluir la tregua tras la última huelga

Dirección y sindicatos se preparan para negociar el próximo convenio después de tres años de paz social con una fuerte pérdida de poder de compra para la plantilla 

14 febrero, 2024 05:00

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"Cuando firmamos no imaginábamos que la inflación iba a llegar hasta donde ha llegado". Es la reflexión de un miembro del comité de Tubacex, en concreto de uno de los sindicatos que apoyaron el acuerdo para poner fin a la histórica huelga de ocho meses que finalizó sin despidos pero con un elevado precio en términos salariales para la plantilla.

Los ecos de aquel conflicto, uno de los más sonados a nivel social y mediático en Euskadi en los últimos años, aun resuenan en las instalaciones de la tubera en Amurrio y Llodio. La huelga llevó las relaciones laborales a un pico de tensión extraordinario y, tras un periodo de calma, ahora ambas partes contienen la respiración a la espera de ver quién da el primer paso.

La realidad es que quedan apenas unos meses para que el tratado que selló la paz social finalice su vigencia. Por ahora dirección y comité velan armas evitando lanzar mensajes disonantes públicamente al menos hasta que el ciclo negociador arranque como tal después del verano, aunque las posturas están claras. El propio Jesús Esmoris, CEO de la compañía, no pierde ocasión para remarcar que los costes laborales de sus plantas vascas son los más altos de todo el grupo (más de una veintena de fábricas en todo el mundo) y que eso obliga a hacer encaje de bolillos para cuadrar las cuentas.

Y los sindicatos por su parte se preparan para dar la batalla. "Vamos a pelear para recuperar a partir de 2025 al menos una parte de todo lo que hemos perdido estos años", es la declaración de intenciones que se lanza a 'Crónica Vasca' desde el comité.

Trabajadores de Tubacex en una movilización / EP

Trabajadores de Tubacex en una movilización / EP

Más del 8% en dos años

Y lo perdido, ciertamente, es mucho. Mientras otras grandes empresas han logrado, no sin dificultades, renovar sus convenios en 2022 y 2023 con la inflación como telón de fondo (más del 8% de IPC acumulado a lo que habrá que sumar el incremento de este año), el acuerdo para acabar con la huelga impedía actualizaciones en las nóminas de la plantilla de Tubacex, que a cambio de evitar los 129 despidos aceptó también un incremento de jornada.

"La prioridad era que se quedara todo el mundo. Ahora la situación es otra", declaran desde la parte social, que por su parte ha vivido su propia transformación en este periodo. En las últimas elecciones celebradas hace justo un año se imponía de nuevo ELA aunque con una fuerte subida de LAB, central beligerante con el acuerdo que trajo la paz social. Esta puede ser una clave relevante ante el nuevo frente laboral que se avecina, ya que LAB y STAT (central independiente), que se opusieron al pacto con la dirección, sumarían mayoría absoluta (17 de 31 delegados). CCOO por su parte mantiene 3 representantes.

Jesús Esmoris, CEO de Tubacex, en la presentación a inversores de su último plan estratégico

Jesús Esmoris, CEO de Tubacex, en la presentación a inversores de su último plan estratégico

Buenos resultados

Y habrá que ver en ese sentido hasta dónde busca tensar la cuerda ese bloque sindical, así como el papel que juega la central de Mitxel Lakuntza, que sigue siendo la que más respaldo tiene entre los trabajadores. A grandes rasgos la compañía va bien, de hecho ha tenido que actualizar a mejor sus metas tras cumplir los objetivos del plan estratégico antes de tiempo, y en general navega con éxito las aguas de la transición energética hacia oportunidades de negocio ligadas a la descarbonización.

Aunque el volumen total de tubos ha ido menguando con los años, Tubacex ha hecho una apuesta por el producto de mayor valor añadido (tubos más resistentes para atacar tecnologías emergentes como el hidrógeno o la captura de carbono) y eso le permite ganar más dinero. Hasta septiembre el grupo que encabeza Esmorís presentó facturación récord y un beneficio acumulado en nueve meses que ya superaba el de todo 2022.

En ese escenario las centrales saben que tienen margen para apretar en la mesa negociadora, pero la compañía juega sus cartas y avisa: las fábricas vascas son demasiado "rígidas" y necesitan flexibilidad para competir en el mercado global. Tubacex, que entre sus grandes proyectos prepara el terreno para atender un macrocontrato para Adnoc (la compañía petrolera de Abu Dabi), es una de las firmas vascas más internacionalizadas y ha abierto instalaciones recientemente en Estados Unidos, Guyana, Kazajistán o Brasil.